Valeria

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sexo entre extraños

 

Fue un encuentro casual. Los mejores suelen ser así. Cuando sales sin esperanzas de nada. Sólo por salir a tomarte una copa sin más pretensiones.
Terminé pronto el trabajo y fui a la terraza que mi amigo Marcos monta todos los veranos cerca del Bernabéu. Un grupo de sevillanos entonaban himnos en vísperas de la final de la Copa del Rey.

Me acerqué a la barra y saludé a mi amigo que estaba desbordado por el trabajo. De pronto la vi. Venía de atender unas mesas. Según se acercaba con la bandeja en la mano mantuvo su mirada en la mía. Fue un primer momento electrizante.

Un calor intenso me subió desde el vientre hasta la cabeza. Más tarde me dijo que me estaba follando desde el primer momento en que me vio y realmente lo sentí así.

Me fijé en ella. Su cuerpo menudo, ágil, su media melena rubita, sus grandes ojos avellana, sus labios finos pero sensuales. Cada vez que se acercaba a la barra las miradas eran más intensas y descaradas.

Pregunté a mi amigo por ella y me dijo que era brasileña y un poco loca, se llamaba Valeria. La llamó para presentármela. Al darnos dos besos me acerqué a su oído y susurré:

– ¿Estás pensando lo mismo que yo?
– ¿Tu qué crees? -respondió con otra pregunta y se dio la vuelta, alejándose coqueta.

Las miradas se volvían más intensas por momentos adornadas por sonrisas cómplices. En uno de sus acercamientos a la barra me preguntó si la esperaba a su salida. Le esperé mientras me tomaba un gin-tonic fresquito. Mis miradas de deseo le ponían nerviosa.

– No me mires así que me dan ganas de irme ya -me decía con su acento suave.
– Ya queda poco, no desesperes. Tenemos toda la noche por delante -contesté.

Por fin llegó la hora. Salió de la barra, se acercó a mí y sonriente me invitó a marcharnos. Nos alejamos hacia mi coche, charlando. Le pregunté si quería ir a tomar algo, pero estaba harta de copas y prefería ir a su casa y relajarse.

Nos subimos al coche y nos dirigimos a su casa. Una vez allí no pudimos esperar más. La tomé por la cintura y la atraje hacia mí. Nuestros labios se buscaron. Unos besos dulces y suaves, caricias apenas de un labio con otro. Llevé mis dedos a su boca para dibujarla. Ella asomó tímidamente su lengua que cosquilleó la piel entre mis dedos.

Su boca ávida se apoderó de uno de ellos para succionarlo. Yo tiré de él, atrayendo su boca hacia mí para apoderarme de ella, ahora sí en un beso más apasionado.

Nuestras ropas fueron cayendo al suelo desordenadamente. Nuestras manos exploraban el cuerpo cálido del otro hasta caer sobre la cama. Valeria comenzó a gatear hacia el cabecero y yo fui tras ella mordisqueando su espalda y su culito menudo.

Mi mano fue directa a su entrepierna escondida tras la braguita negra. Ella juguetona se zafaba de mí. Se dio la vuelta y me buscó de frente. Su boca comenzó a bajar hacia mis sensibles pezones. Su mano se deslizó vientre abajo hasta encontrarse con el abultado slip, mientras una sonrisa se dibujaba en sus ojos.

Comenzó a acariciar mis genitales con mucho mimo, sin dejar de mirarme. Las caricias pronto comenzaron a hacer efecto y Valeria curiosa apartó la tela para dejar al descubierto mi sexo excitado. Acercó su boca a él y lo besó. Primero suave, reconociéndolo, haciéndolo suyo, poco a poco, hasta apoderarse del por completo. En sus ojos podía ver como disfrutaba de él.

– Me encanta lo que me haces -le dije.
– Y a mí me encanta hacértelo -respondió.

Sin poder resistirlo me lancé sobre ella. Comencé a besar su cuerpo con pasión. Sus labios, su cuello, su pecho menudo de pequeños pezones naranjas que se endurecieron al primer contacto con mi boca. Su vientre liso, sus caderas huesudas, sus muslos finos.

Me deslicé hacia sus pies y me entretuve jugando entre sus dedos con mi lengua, besando su dedo gordo, mordisqueando su almohadilla. Me demoré en sus sensibles tobillos y tras sus rodillas y subí de nuevo hasta su culo respingón, mordisqueándolo y humedeciéndolo con regueros de saliva.

Con mis dientes me apoderé de la tira del tanga y se lo bajé hasta medio muslo dejando al descubierto su tesoro palpitante.

Mis dedos acariciaban sus abultados y sensuales labios. Ella se dio la vuelta nuevamente dejando ante mis ojos su culito de colegiala. Sus glúteos cabían perfectamente entre mis manos, firmes y suaves. Me dediqué a besarlo detenidamente, con amplios besos húmedos.

Separé ligeramente sus nalgas y deslicé mi lengua por el surco que las separaba hasta encontrarme con su agujerito prieto, virginal, inexplorado. Cosquilleé con la punta de mi lengua alrededor provocando que se ofreciera más a mí. Como si tocara un resorte secreto, se fue abriendo a mi paso.

Mi lengua violadora se introdujo casi por entero en su ano, provocando gemidos en su dueña. Mis dedos jugueteaban mientras con los labios suaves y rasurados, tamborileando sobre ellos y sobre su clítoris.

Valeria se volvió sobre su espalda y dirigió mi cabeza entre sus muslos. Yo me entregué a besar su pubis bajando remolonamente, rodeando su botón y acariciando con mi boca la flor de sus labios, humedeciéndolos, saboreándolos, aspirando su aroma sensual.

Ella acariciaba mientras mi trasero a su alcance y bajaba su mano hacia mi entrepierna apoderándose de mis pelotas y mi sexo, oprimiéndolos entre sus dedos suavemente.

Me gire para quedar frente a ella, mis ojos puestos en los suyos. Mi boca apoderándose totalmente de su sexo húmedo y palpitante. Sentí su clítoris duro entre mis labios y me dediqué a él por entero. Mis labios y mi lengua lo succionaban, lo acariciaban rítmicamente.

-Siente mis señales -susurró.
-Me encanta escuchar tu cuerpo -contesté.

Mi boca se unió con su sexo en un todo único del que brotaban ríos de placer.

Nuestras mentes se unían en el punto de contacto liberando energías que recorrían su cuerpo hasta el éxtasis. Sus muslos aprisionaban mi cabeza entre gemidos de placer. Valeria tiró de mí, guiándome hasta su boca y apoderándose de la mía en un beso apasionado y loco.

-Me vuelves loca -dijo con sus ojos perezosos y tiernos tras el orgasmo.

Me tumbó sobre la cama y su mano se apoderó de mi miembro. Sus dedos menudos y ágiles comenzaron a moldearlo a conciencia mientras lo observaba con curiosidad como si de un juguete nuevo se tratara. Acercó sus labios a él y comenzó a besarlo mientras me miraba con sonrisa pícara, como queriendo leer la reacción que provocaba en mi cara.

-Báñalo en saliva -le dije enervado.

Ella dejó caer hilillos sobre la punta que se deslizaban entre sus dedos y lo lubricaban por entero dejándolo brillante. Su boca ávida se apoderó de él. Podía sentir sus labios, su lengua explorando cada centímetro, despertándolo al placer.

-Me encanta tu boca, me vuelves loco. Podría estar así toda la noche.
-A mí también me encanta tu polla -dijo descarada. Se dio la vuelta y se puso sobre mí en posición de 69. Tenía ante mí la visión arrebatadora de su provocativo sexo enmarcado entre su exultante culito.

Puse mis manos sobre él y abrí su sexo como una flor. Mis labios lo besaron jugosamente, mi lengua acariciaba su entrada que se abría como queriendo respirar. Poco a poco fui entrando con ella mientras la movía acariciando sus paredes. Su lengua parecía una continuación de la mía. Cada movimiento de la mía lo veía reflejado en los de la suya sobre mi sexo.

Ya no podía aguantar más. Deseaba poseerla, hacerla mía, entrar en ella. Me deslicé hacia el suelo hasta alcanzar el pantalón y saqué un preservativo del bolsillo.

Valeria mientras tanto no me soltaba. Su boca continuaba succionándome como si estuviera pegada a mí. Lo mordí y comenzó a desenrollarlo con delicadeza sobre la puntita mientras que yo sostenía mi miembro para facilitarle el trabajo…

 

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