Sueño

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sueño erótico

Esta noche he soñado contigo. Buff qué sueño!!! Tan real…

Estaba yo en casa, mira tú, casa con jardín y todo ¡qué fino! Sentí algo a través de la ventana. Me asomé y eras tu en la oscuridad. Salí. Me esperabas ansiosa. Nos refugiamos entre unos arbustos. Te abracé. Nos besamos… Era un beso amplio, jugoso, dulce, lleno de deseo.

Mis manos recorrían tu cuerpo.  Tu cuerpo se entregaba al placer de mis caricias. Tus pechos, tu espalda, tu culo, tus muslos. Por fin tu sexo. Mi mano entre tus muslos sintiendo tu calor interno. Comencé a masturbarte sobre el vaquero ¡Qué delicia! Gemías mientras empujabas tus caderas hacia mi.

Tus manos también exploraban mi cuerpo. Se aferraban a mi culo, a mis caderas, bajaban por detrás hacia mi entrepierna, me palpabas furiosa. Una de ellas la llevaste hacia mi miembro, duro como una piedra. Con tu palma cerrada sobre él  me masturbabas con fiereza. Casi haces que me corra así.

En un momento me desabroché el pantalón y mi polla chorreante de deseo saltó como un resorte.

-Cómemela -supliqué. Estoy deseando sentir tu boca. Te agachaste al momento y sentí el placer de tus labios rodeando mi glande. Aprisionándolo, saboreándolo. Yo estaba como loco. Lo que me hacías sentir era una locura. Tu lengua disfrutaba del contacto con mi piel suave, ardiente y brillante. Te recreabas en mi placer, oír mis gemidos y ver como me contorsionaba ante tus lametones te encendía al máximo.

Estabas muy perra. Tanto que te incorporaste de un salto y bajándote los pantalones mientras te dabas la vuelta me susurraste lascivamente:

– Fóllame, quiero sentirte dentro de mi. Clávame tu polla hasta el fondo. Sin darme tiempo a reaccionar la agarraste con tu propia mano y la dirigiste hacia el mismo centro de tu empapada rajita, de un movimiento certero. Apenas tuve que empujar para que se deslizara entera dentro de ti. ¡Qué sensación maravillosa! ¡Qué caricia mas intensa! ¡Cómo te sentía, qué real!  ¡Cómo me abrazabas íntimamente!

Me encantaba abrirme paso entre tus pliegues que se abrían para mi. Cómo te llenaba, tan ceñido, tan jugoso, tan caliente. Mis caderas comenzaron a moverse sinuosamente, quería sentirte toda y que me sintieras, cada milímetro de placer. El deseo y la ansiedad nos llevó a aumentar los movimientos y la fuerza de la embestida. Tu lanzabas tu culo contra mis caderas clavándote mi dardo en tus entrañas,  bien al fondo. Yo bombeaba poderoso arrancando oleadas de placer de las paredes de tu vagina.

Mi mano izquierda se coló entre tus muslos alcanzando tu clítoris duro y excitado. La otra se deslizó entre tu blusa y se aferró a tu pecho mullido y delicioso. Mis dedos aceleraban las caricias al mismo ritmo de mis embestidas y tus gemidos.

Pronto sentí tus contracciones al correrte, tus gritos contenidos, el temblor de tus piernas. Me detuve un rato, quería sentir tus pálpitos en mi polla.. Me volví loco al instante.Bastaron media docena de embestidas para que oleadas de leche corrieran desde mis huevos y dispararan directamente al fondo de tu coño llenándolo de caliente semen.

Así permanecimos unos instantes abrazados. En un abrazo íntimo y total. En silencio, solo escuchando nuestras respiraciones entrecortadas y el murmullo de la noche.

Te vestiste a toda prisa todavía chorreante de mí. Me diste un beso muy jugoso como si me comieras mientras me mirabas con lascivia.

-Mañana hablamos guapo -dijiste mientras te alejabas desapareciendo en la oscuridad. Yo me quedé un rato allí todavía con el sabor de tu boca en la mía y tu aroma en mis dedos….

Y en eso sonó el despertador…

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