He tenido un sueño

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sexo en bar

 

Este relato tiene más de diez años. Estuvo cierto tiempo colgado en mi blog de un foro. Hace un par de años una amiga me envió un video. La escena era clavada punto por punto. ¿Casualidad? ¿Plagio? Lo cierto es que me hizo ilusión ver mi fantasía hecha realidad aunque fuera en la piel de otros…

He tenido un sueño de lo más lascivo.

Llego a un bar. Tú estás sentada en la barra charlando con una amiga. Tu culito respingón sobresale del taburete, apenas tapado con una mini que deja entrever tus nalgas.

La visión me provoca una erección inmediata. Ni corto ni perezoso saco mi polla del pantalón y me dirijo a ti con ella en la mano. Levanto tu faldita y compruebo que no llevas bragas. Al instante ya estoy dentro de ti, sin apenas darte tiempo para ver quién es el que te penetra bruscamente.

Das un respingo y te agarras al brazo de tu amiga echando tu culo un poco hacia atrás para recibir mejor las embestidas.

No me miras. No quieres saber quién es esa polla desconocida que te está dando placer inesperadamente. Solo quieres disfrutarla, sentirla curioseando dentro de ti. Es más, quieres sentirla de otra manera.

Llevas tu mano hacia ella, la sacas de tu coñito empapado y la diriges hacia tu otro agujero, también deseoso de probarla. Tus jugos sobre ella son suficientes para que pueda entrar fácil y suavemente en tu culo.

Me agarro a tus cachetes que sobresalen del taburete provocativos y te clavo mi ariete hasta el fondo arrancando un gemido profundo y prolongado de ti. Apoyas tu cara sobre el brazo de tu amiga, lo sujetas con fuerza, lo muerdes, cierras los ojos y me recibes profundamente.

Te perforo una y otra vez, cada vez más duro, cada vez más dentro, cada vez más intenso.

Me encanta ver tu culo poseído por mí. Es más quiero correrme en él. Lo voy a hacer, pero de una forma diferente. Cuando siento los primeros espasmos de las oleadas de leche, saco mi polla de su escondite y disparo mis chorros de semen contra tu ojete todavía abierto y boqueante, salpicándole, mojando tus nalgas y resbalando por tu rajita y tus muslos.

Recibes los disparos gustosa mientras miras a tu amiga que refleja en sus ojos su incredulidad.

Vuelvo a guardarla en el pantalón, me doy media vuelta y me marcho dejándote empapada de mí, todavía excitada y deseosa de más, sin saber quién te ha sorprendido de esa forma tan placentera.

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