Valeria 2

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sexo con valeria

 

¿Recuerdas cómo empezó la historia? Te lo cuento aquí

 

…Una vez terminada la operación, la contempló satisfecha por el trabajo bien hecho. Se la llevó nuevamente a la boca y la humedeció por entero. Luego se deslizó gatuna hacia mí rozando mi cuerpo con el suyo hasta quedar frente a frente.

Un simple movimiento bastó para que me deslizara dentro de su estrecha cueva.

Comenzamos a movernos despacio, sigilosos, descubriéndonos, reconociéndonos, como al entrar en un jardín desconocido. Buscábamos en los ojos del otro las señales que nos indicaban el camino, poco a poco más afianzados, más cómodos, más jugosos, más  íntimos, más unidos.

Ella se deslizaba sobre mi sexo arriba y abajo, cada vez más profundo, cada vez más húmeda y excitada. Yo tomé sus cachetes entre mis manos, la elevé ligeramente y comencé a mover mis caderas en movimientos sinuosos y circulares. Quería sentir totalmente su caricia en mí. Quería que me sintiera en ella.

Mis movimientos se volvieron más directos, rápidos y contundentes. Salía y entraba dentro de ella con garra y furia contenida, sujetándome fuertemente a su culo que mantenía suspendido en el aire para permitir mi retroceso.

Mi boca buscaba su boca, su saliva la mía. Yo inquiría su cuello, sus diminutos pezones mientras gemía y se dejaba hacer agarrada a mi pelo. Ahora era ella la que bombeaba fuertemente sobre mí mientras que yo estaba tendido enhiesto, duro, gigante, me sentía llenándola por completo, tan ceñida, tan receptiva, tan deslizante que me engullía una y otra vez.  

Nos tomamos un respiro para cambiar de posición y se tumbó sobre la cama y yo entre en ella realizando una vieja técnica tántrica que recordé en ese instante. Son series de nueve penetraciones. La primera serie son las nueve superficiales. La siguiente, son ocho superficiales y una muy profunda, luego siete y dos, así, sucesivamente hasta terminar con nueve penetraciones muy profundas.

No pudimos terminar las series. Valeria sobreexcitada, y casi fuera de sí, clavó sus uñas en mi culo reteniéndome en sus profundidades entre convulsiones de placer que estrangulaban mi polla. Cayó desmadejada sobre la cama, y yo sobre ella, en una mezcla de latidos y jadeos alborotados.

Permanecimos descansando abrazados durante un rato. Nuestras miradas intensas auguraban el preludio de más excitantes revolcones. Valeria acarició mi cabello pensativa.

Te estaba imaginando con cincuenta años, con las sienes plateadas, en toda tu plenitud. Si ahora eres muy buen amante, no te digo de aquella. Buff vas a ser la bomba. Me acordaré de ti -me dijo y me sentí sumamente halagado por sus palabras.

-Creo que mi plenitud es ahora –contesté. De aquella estaré ya decrépito, por eso quiero aprovechar mis últimos cartuchos mientras el cuerpo aguante. Ya no soy el que era con treinta y tantos, aunque lo que vas perdiendo en potencia lo sustituyes por experiencia. Trucos de madurito…

-Eso es lo bonito del sexo -continuó ella-, poder estar así, aumentar la excitación, cambiar el ritmo, parar, seguir, volver a empezar…

 -¿A que sí? Tu eres de las mías. Me encantas.  

Tras este rato de charlita, continuamos besándonos y acariciándonos con un grado de intimidad y complicidad mayor. Me sentía en la gloria, como si fuéramos amantes de tiempo atrás.

Nos arrodillamos sobre la cama sentados sobre los talones. Uno de mis muslos entre los suyos, mi rodilla muy cerca de su sexo, su mano acariciando el mío que respondía con agilidad.

Yo me incliné hacia atrás y ella acercó su boca de nuevo a mi polla comenzando otra sesión de besos enervantes. En la habitación, a los pies de la cama, tenía una cómoda con un pequeño espejo y le tomé de la mano para llevarla hasta allí.

Me puse de pie y ella se quedó en cuclillas. Podía ver nuestra imagen sexual reflejada en el espejo. Nos mirábamos a través del espejo en una visión excitante de alto voltaje. De pronto me di cuenta que yo podía verla a ella pero ella sólo podía ver mi cara dada su posición, así que volvimos a la cama donde adoptamos la misma posición que en el suelo y, ahora sí, nos podíamos ver enteramente en el espejo.

Una escena digna de la mejor película porno.

Valeria se recreaba en degustar mi enhiesto falo mientras se miraba al espejo gustándose.

-Me vuelve loca tu polla -comentaba mientras le hacía mil filigranas con sus labios y su lengua.

-Buff, me pones malo con tu boca -gruñí mientras no perdía detalle de la escena al otro lado del espejo.

Valeria comenzó a acelerar el ritmo de sus caricias con la mano y con la boca. De pronto la vi abriendo la boca y mostrándome su lengua como queriendo recibir mi explosión en ella.

-¿Quieres que me corra en tu boca?

-Hazlo, por favor -contestó suplicante. Sus palabras se clavaron en mis riñones como si me espolearan provocando que oleadas de placer salieran borboteantes de mi sexo hacia sus labios. Ella las recogía con su lengua saboreándola golosa. No pude resistir la tentación y me lancé sobre su boca saboreándome con ella.

Entre risas, corrimos al baño para enjuagarnos y darnos una corta ducha fresca. Ambos estábamos deseando continuar nuestra sesión de sensualidad y sexualidad natural, hermosa y excitante.

Volví a la habitación antes que ella y me recosté en la cama. Comencé a juguetear con mi sexo mientras pensaba en todo lo pasado hasta ese momento y este respondió casi al instante.

Valeria entró en la habitación con un refresco en la mano ofreciéndome un trago. Se dio cuenta de lo que yo tenía entre manos y con un “pero, ¿qué es esto?” espontáneo, se agacho y se la metió de nuevo en la boca.

-Mmm… estás hecho un toro. ¡Cómo me gusta! Espera un momento. Tengo una sorpresa -dijo saliendo de la habitación.

Yo me puse a acariciar mi erección mientras esperaba. Estaba como una moto realmente y quería que cuando ella entrara me sorprendiese masturbándome. El sorprendido fui yo. La imagen me volvió loco

Valeria lucía una mini de colegiala de cuadros verdes y una corbata de cuadros rojos por único atuendo. Yo estaba alucinado ¡qué ocurrencia!  Se vino hacia mí para sentarse en mis rodillas. Antes de hacerlo, yo le levanté la faldita por detrás y lo que vi me dejó más loco todavía.

Bajo la falda lucía un tanguita rojo de la misma tela de cuadros que la corbata de colegiala. ¡Dios mío! ¡Qué locura! ¡Qué juguetona!

Le levanté la faldita dejando su culito respingón a la vista. Me entregué a acariciarlo, besarlo, morderlo y a darle palmaditas sonoras y excitantes. Le di la vuelta, la senté sobre la cómoda y aparté a un lado su braguita para poder entregarme a devorar su rajita de nuevo jugosa.

Mis labios se deslizaban por los suyos, mi lengua recorría sus rincones, poco a poco subí acercándome a su botón. Lo tomé entre mis labios dulcemente y lo hice crecer en mi boca. Valeria sujetó mi cabeza mientras movía sus caderas. Yo movía mi boca acoplándome a su ritmo, siguiéndola en su baile de excitación. Leyendo el placer en su mirada hasta que esta se nubló perdida entre las nubes del orgasmo.

Ni siquiera le dejé  tomar aliento. La tomé por las caderas y sin quitarle la ropa le invité a sentarse sobre mi miembro dándome la espalda. Nuestras miradas se encontraron en el espejo. Mi sexo entrando en ella, ella recibiéndome abierta.

Se inclinó hacia delante y comenzó a saltar sobre mi. Yo me agarré a su culo para dirigir las embestidas. Su cabeza girada, sus ojos de lujuria clavados en los míos. Saltamos sobre la cama. Le arranqué la braguita y la falda y me puse a su lado. Levantando su pierna dirigí mi sexo hacia el suyo y comencé a acariciarlo jugosamente con la puntita. De pronto ella dijo algo que me dejó loco.

-Joder, ¡que rico! Sólo me falta una cosa –masculló envuelta en una pasión desatada. Un coñito rico en mi boca -dijo apretando los dientes.

Los ojos casi se me salen de las órbitas. Me dio un subidón que me hizo clavarle la herramienta hasta el fondo de su ser.

-Y qué te parecería otra polla para comérnosla entre los dos? -dije totalmente desbocado. Mis palabras surtieron en ella un efecto brutal. Estaba fuera de sí. Su excitación era máxima.

-Aaaaaah, siiii, qué rico tiene que ser, qué fuerte. Quiero probarlo, por favor, y quiero ver cómo te folla otro tío.  Mientras decía esto se humedeció los dedos y los hundió en mi culo. Mientras yo la follaba, ella me follaba a mí con sus dedos.

-¿Te gusta que te folle así? -preguntaba con una cara de burra que me ponía a mil y que me hizo reventar en un orgasmo brutal que casi me hace entrar entero en su sexo.

Caímos rendidos abrazados, piel contra piel. Nos miramos con una ternura incomensurable. Mis ojos volaban en el dulce infinito de los suyos. Hablamos y hablamos mientras nos acariciábamos quedamente.

Cuando me disponía a levantarme para marcharme me atrajo hacia sí. Me puse sobre ella. Y en un susurro me dijo que le dejara hacer. Tomó mi polla entre sus dedos y comenzó a acariciarse con ella lenta y suavemente. Cada caricia la hacía crecer y hacía que nuevos jugos manasen de su coñito. Cuando ya estábamos a punto, se la introdujo. Puso sus manos en mi culo, se aferró fuertemente y empezó a frotar su pubis contra el mío en movimientos lentos y cadenciosos, aumentando poco a poco la penetración hasta llegar al fondo bien profundo y abierto.

Sentí su orgasmo totalmente a mi alrededor, una descarga eléctrica que subía por mi sexo. Nos quedamos totalmente quietos, abrazados y unidos en un beso y sentí las maravillosas  contracciones de su vagina en torno a mí.  Permanecimos así largo rato hasta que salí de ella suavemente.

Nos dimos una ducha refrescante y nos despedimos con ganas de repetir la fabulosa experiencia vivida deseando que fuese pronto.

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