Mi oscuro objeto de deseo (I)

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historia XXX en un taxi

Pequeña locura escrita a medias con mi amiga Paula.

Tras nuestros últimos mails me planté en Barcelona ni corto ni perezoso y quedamos para cenar.

-Sol, ¡qué alegría! ¡qué ganas de tenerte entre mis brazos! -digo mientras te abrazo cálidamente, sintiendo tu cuerpo menudo estremecerse.

Me separo de ti con nuestras manos enlazadas. Te miro y tu bonita sonrisa ilumina tu cara angelical. Tus ojos, tímidos, escrutadores, me analizan con curiosidad infantil. Charlamos como viejos amigos de temas intrascendentes evitando cualquier alusión al sexo, aunque la tensión sexual se iba acumulando a nuestro alrededor.

Mi mente revoloteaba. Te veía desnuda. Te imaginaba en inverosímiles posturas. Trataba de imaginar la forma de tus pechos, el tacto de tu culo, el aroma de tu sexo, el sabor de tu boca.
Mientras, continuas ingenua charlando y riendo, ajena a la erección bajo la mesa que tu aire inocente provoca en mí.

Ni te imaginas lo que se avecina esta noche, pero yo si lo sé.

-Sol, me estás poniendo muy cachondo. Descálzate y dame tu pie -te digo con voz decidida.

Tu llevas tu pie desnudo hasta mi entrepierna, lo cojo por el tobillo y comienzo a masturbarme lentamente con él mientras continuamos charlando como si tal cosa.

Mi polla lucha por salir del pantalón y la libero. Continúo masturbándome con la suave piel de la plata de tu pie y tu continuas charlando con tu aire de inocencia. Te encanta provocarme, hacerte la niña buena que nunca ha roto un plato.

-Dejémonos de tonterías y vayamos al hotel –digo decidido- Quiero que esta noche hagas todo lo que te diga. Quiero que seas totalmente mía. Quiero usarte para mi exclusivo placer.

Aceptas al ver mi mirada lujuriosa que te desnuda y te folla. Mis palabras te excitan y el deseo crece en tu interior, deseo de ser mi objeto sexual, de que desate mis pasiones sobre ti, de sentirte utilizada. En una palabra que sea tu dueño total y absoluto.

Tras pagar en el restaurante, cogemos un taxi en dirección al Arts. Mi erección continúa palpitando dentro de mi pantalón. Me acerco a tu oído y con voz ronca y susurrante te lo hago saber.

-Mi polla está dura sólo de pensar en tus labios. Quiero que la beses aquí mismo y que alivies su sufrimiento.

Mientras digo esto ya la he dejado salir y con mi brazo te inclino hacia ella protegido por el asiento delantero. La tomo en mi mano y la acaricio con tus labios entreabiertos y húmedos.

Con un gesto te ordeno que saques la lengua para humedecer mis dedos en ella y luego pasarlos por la punta de mi polla. Acto seguido, tomo tus dedos y me los llevo a la boca llenándolos de saliva que resbala por tu mano, los bajo de nuevo y acaricio mi glande con tus yemas, buscando los puntos de máximo placer. Me encanta como la miras, curiosa, atenta a sus reacciones, descubriéndola.

Humedeces tus carnosos labios con tu lengua y yo no resistiendo más la empujo dentro de tu boca sintiendo tu caricia cálida y húmeda. Los interminables semáforos de Barcelona me permiten disfrutar de esta dulce mamada que me estás haciendo mientras observo las calles, las luces, la gente paseando totalmente ajena a la tórrida escena tras los cristales del taxi que pasa. Te esmeras con boca de alumna aplicada que se sabe la lección al dedillo.

Esto promete. Va a ser una noche larga. ¿Sabes cuánto me encanta estar así, doblegada a tus deseos? -pienso.

Descuidadamente, subo mi falda en el momento que observo que el taxista no deja de mirarme por el retrovisor y le ofrezco toda la visión que hay bajo de mi falda. No llevo braguitas y mi sexo está empezando a rezumar sus jugos.

También veo cómo disimuladamente se lleva la mano izquierda a su entrepierna. Se está empezando a excitar con nuestro espectáculo. Eso me pone aún más cachonda y empiezo a comerte la polla con fruición, como si se me fuera la vida en ello.

-Ummm, zorra. Te gusta que te vean, te gusta lucirte ¿eh? Te gusta ponernos cachondos como perros babeantes -susurro obscenamente a tu oído.

Enséñale bien tu coño, ábrelo para que vea lo mojada que estás, deseosa de polla como una perra en celo. Haz que se corra con solo mirarte. Deja que vea tu cara de guarra experta comepollas. Mírale a los ojos y hazle creer que es su polla la que está entre tus labios, que es tu lengua la que le da placer y no su mano. Haz que desee con locura follarte ese coñito sonrosado y rezumante que atisba por el retrovisor.

-Ahhh sigue así mi putita, no pares de chuparme. Tu boca golosa me vuelve loco. ¿Te gusta el caramelito que he puesto en tu boca?

Sabes perfectamente lo que me gusta. Sabes que me encanta comerla así, tragármela toda.

Yo me encargué de ello, de dejártelo claro, aunque con indirectas en los correos que habíamos intercambiado y sabes también lo que esa situación me está excitando. Me encanta la sensación de ser doblemente un oscuro objeto de deseo.

Ya no ocultamos nada pues sabemos que nuestro taxista ha escuchado tus últimas palabras. Se encuentra ansioso, deseoso, por ver si soy capaz de cumplir tus deseos.

Mi cuerpo se encuentra justamente en medio del asiento trasero. Me tienes arrodillada debajo de ti con tus manos sobre mi cabeza, acompañando y acelerando mis movimientos. La tuya, reclinada hacia atrás, con la mirada perdida, tus piernas bien abiertas y tu polla y mi lengua moviéndose dentro de mi boca en una danza frenética.

Empiezo a subir poco a poco mi falda hasta dejar a la vista todo mi hermoso culo y mi sexo, babeante, bien a la vista de nuestro cómplice voyeur y sigo chupándotela a conciencia. Mi mano izquierda moviéndose arriba y abajo sobre la base de tu falo y la derecha jugueteando con tus testículos.

Cuando noto como una mano caliente empieza a tantear mi culo, a acariciarlo lascivamente, a comprobar toda su extensión…Sí, es nuestro taxista, que ahora se ayuda sólo de su mano izquierda para conducir. Noto como empieza lentamente a moverse alrededor de mi sexo, en círculos, y a continuación extiende toda la palma de su mano sobre mi coño, para mojarlo con mi humedad y llevarse la mano a continuación a su polla.

Pienso que el muy cabrón se está pajeando con mis jugos y ese pensamiento me pone aún más cachonda.

Te miro a los ojos y te digo “vamos pequeño, fóllale bien la boca a tu putita”. Comienzas entonces a moverte en duras embestidas dentro de mi boca, empujando mi cabeza a la par, cada vez que sales y vuelves a penetrarme.

Aaahhh. ¡Dios! Algo se clavó profundamente en mi coño y se mueve al mismo ritmo de tu polla. Son sus dedos, que, no pudieron contenerse, me penetran ahora con torpeza, arañando toda mi vulva a su paso.

Esa extraña mezcla de pasión, deseo y dolor va a volverme loca.

No pienso, soy solo placer. Placer para dar, placer para recibir, solo eso: un objeto en las manos de ellos. ¡Es una sensación tan gustosa! Me siento la más viciosa de todas las zorras cuando empiezo a mover mi culo en círculos, invitándolo a moverse bien dentro de mí, cuando noto que su dedo empieza a jugar con el agujerito de mi culo.

-Hmmm…..sí, siiii…-le susurro roncamente mientras giro mi cabeza para mirarlo. Veo sus ojos por el retrovisor en el momento en el que clava bien su dedo dentro de mi culo. Un grito de placer se escapa de mis labios. Me está follando con dos dedos en mi coño y el otro en mi culo, profunda y rápidamente, bien adentro, tanto, como tu polla se mueve en mi boca.

-Vamos, folladme así cabrones. Dadme bien durito. Rompedme toda. No soy más que eso, vuestra puta.

Aceleráis los dos el ritmo. Estamos parados en uno de esos semáforos tan largos de la ciudad. Nuestro amigo está pajeándose a conciencia con una mano mientras me penetra duramente con la otra.

-Aahhh..siii,…hhmmmm. Así. Me vengo ya. Dame tu leche, vamos. Córrete en mi boca.

¡Joder, como me pones! Me voy a correr. Sigue así, zorra. Vamos, mueve tu culito, siente sus dedos follándote, guarra. Eso es. Disfruta. Sé que te gusta.

Te encanta que un desconocido disfrute metiéndote mano bruscamente y a mí me encanta verte así, en el taxi, con tu culo en pompa siendo follada por los dedos del taxista y mi polla dura en tu boca. Me gusta tanto que me voy a correr en en ella.

No puedo más, me corro, arrrrrrgggg -exclamo mientras lanzo calientes chorros de leche que golpean en tu garganta con su sabor picante. Vamos, bébetela. Trágala. Exprime hasta la última gota. Dime que te gusta, que te encanta beber mi leche. Saboréala así. Sé que te encanta comer pollas y beber leche. Me lo has dicho más de una vez.

Y ahora se una putita buena y haz lo mismo con nuestro amigo, no le dejes con la miel en los labios. Vamos ve delante y dale el mismo placer que a mí me has dado.

En el siguiente semáforo bajas y te sientas en el sitio del copiloto, todavía con mi sabor en tus labios y te amorras a la polla del taxista pringosa de tus jugos y los suyos entremezclados que rebañas con gusto

Esta historia continua aquí.
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