Mi oscuro objeto deseo (2)

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sexo en el ascensor

 

Empieza a leer esta historia Mi oscuro objeto de deseo – Primera parte.

… Es corta pero con un glande enorme que llena tu boca y apenas te permite mover tu lengua, pero, eres tan experta felatriz, que, en pocos minutos, consigues tener tu boca otra vez rebosante de lefa caliente que arde en tu garganta, justo en el momento en que el portero del hotel abre la puerta del taxi para que nos bajemos.

Noto un golpe de aire frio sobre mi sexo y me doy cuenta, sorprendida, de que ya hemos llegado a nuestro destino. Recompongo rápidamente mi aspecto bajo la mirada disimulada, aunque atenta, del portero. Dedico una mirada cómplice a nuestro amigo y salgo del coche. Vuelvo a ser la chica buena de hace unas horas.

La noche es fría y mi falda y ropa es tan mínima que el portero, notando como me estremezco, hace ademán de cubrirme con su capa. Me dejo. Realmente tengo frio. Debe ser por el contraste con mi temperatura interior.

Nos dirigimos hacia el hall de hotel y, mientras tu pasas a recoger la llave a recepción, me encamino hacia el ascensor, donde se encuentra el portero: quiero devolverle su ropa.

Justo estoy llegando cuando noto algo pegajoso sobre mis labios. Aún quedan restos de vuestro semen sobre ellos. Cuando le entrego su capa, noto como, ahora sí, me mira lascivamente, aunque con porte firme. Yo correspondo desafiante, recogiendo con uno de mis dedos los restos de leche que quedan sobre mis labios y con mi boca entreabierta chupo mi dedo con provocación.

-¿Subimos? -escucho que me dice una voz a mi espalda. Habitación 612.

Se abren las puertas del ascensor. Dentro nos espera el botones, un chico joven de aspecto tímido para acompañarnos a nuestra habitación.

-Sexta planta -te escucho decir, mientras noto como tu mano se posa firmemente sobre mi culo.

Las puertas se cierran. El botones nos da la espalda. El ascensor es totalmente acristalado. Detrás nuestra queda Barcelona iluminada, frente a nosotros los otros ascensores que suben y bajan.
-Estás empapada Sol -digo mientras meto mi mano entre tus muslos acariciando tu rajita. ¿No has tenido suficiente? Ya he visto con qué cara mirabas al portero. Te lo follarías ahí mismo, jajaja. Eres todo lujuria. ¡Seguro que estás deseando follarte al botones ahora mismo! -exclamo en voz alta para que él me oiga mientras clavo mi dedo profundamente en tu coño.

-Llévanos al ático, por favor. Nos han dicho que hay unas vistas espectaculares -le digo al botones guiñándole un ojo. Este se ha puesto totalmente colorado y torpemente y balbuceando le da al botón de subida en el mismo momento que tu mano se desliza en su bragueta y, rápidamente, sacas su polla y comienzas a masturbarle. Yo entretanto me entretengo restregando mi polla, todavía húmeda de tu saliva, por tu culo totalmente expuesto.

-¿Has visto mi amiga lo zorra que es? Se muere por tener una buena polla entre sus manos como la tuya -le digo al botones. ¿Quieres follártela? ¿Quieres meter tu polla en su coñito hambriento? Ella lo está deseando. Mira que caliente está, lo tiene empapado y ardiente – comento a la vez que deslizo mi polla dentro de ti para probar que mis palabras son ciertas. Vamos Sol, muéstrale tu coñito hambriento y deja que te clave su herramienta. Lo estás deseando. No apartas tus ojos de su miembro. El chaval está muy bien dotado.

Lo miro directamente a los ojos y noto el fuego que esconde detrás de esa aparente timidez. Me encanta. Sé que no debe sobrepasar en mucho los 20 años y me excita la idea de ser una experiencia nueva para él, sorprenderlo, excitarlo, despertar en él el instinto animal…como lo estoy haciendo.

Su polla empieza a crecer entre mis manos, la tiene realmente grande. Hmmm –pienso – justo como me gustan, y mi instinto de perra me lleva a metérmela entera en la boca. Quiero notar como se hace grande y crece dentro de mi boca.

La noto semirígida. Aún dará mucho de sí, pienso para mí misma, y comienzo a ejercer un movimiento subcionador dentro de mi boca que, en unos momentos, empieza a quedarse pequeña para tanta polla. Está empezando a ponerse enorme y ahora debo empezar a retraerla de mi boca o temo que me atraviese la garganta.

La tomo entonces firmemente con mi mano derecha por su base, palpo toda su extensión y entonces llevo mi mano a mi lengua para empaparla bien de mi saliva, bien húmeda para masturbar su rico cipote.

Hmmm. Me gusta ver como permanece impasible, aunque sé que será por poco tiempo. Unas gotas de sudor frío empiezan a bajar por su frente. Baja la vista y me mira con ojos desafiantes, y entonces lleva sus dos manos a mi cabeza en un movimiento brusco, rápido y desesperado por hacerme tragar toda su herramienta.

Se deja caer sobre una de las paredes del ascensor y contempla extasiado cómo gozo cuando dos ricas pollas están penetrándome al unísono, una mi boca, la otra mi coño.

Llevo mis manos a la barra de acero para aguantar tus embestidas. Estás como loco. Sé que te gusta verme así, como tu puta, entregarme a otros hombres y ver cómo me follan. Venderme a tu gusto, entregarme a quien quieras, o no, para eso soy tuya. Tu decides cuándo y cómo quieres que me follen, igual que ahora.

-Vamos, ven aquí ahora y fóllatela por el culito. Es una auténtica zorra. No sabes cómo le gusta –te oigo decir a mi espalda.

El chico te mira con cara de sorpresa, desconcertado. Te das cuenta entonces que puede que sea algo nuevo para él y eso te pone como una moto. Quieres ver su cara de deseo cuando encule por primera vez a una tía en su vida. Hmmm. Ya te encargarás tú de que lo haga bien.

Saca su falo de mi boca, ahora totalmente erecto y ves mis ojos suplicantes. Es enorme, seguramente me partirá en dos. Le haces meter sus dedos en mi boca

-Así, mójalos bien -le dices- y ahora, empieza a jugar con su culo. Vamos, rodéalo. Nota lo apretadito que está ¿lo ves? Así. Ahora, empieza a meter un dedo, poco a poco. Más. Haz presión. Así, mira…

Y, de repente, noto como tu dedo se ensarta profundamente en mi agujero, de una sola embestida.

-¿Ves? ¿Ves lo zorra que se pone? -le dices mientras mi culo empieza a danzar en círculos. Vamos, así. Mete ahora el maldito dedo. Lo está esperando. ¿No ves cómo te lo pide?

El chaval está fuera de sí. Separa bien mis nalgas con su mano izquierda y me clava profundamente unos de los dedos de su otra mano. Su único pensamiento es mete-saca, y en eso se concentra, hasta que tú le dices que empiece a palmear mis nalgas.

Tengo vuestros dos dedos follándome duro por el culo, mis manos agarradas firmemente a la barra de acero y una de ellas empieza a buscar mi sexo y frotarlo con desesperación.

-Aaahhh ¡qué gusto!– me oís gemir.

-Mírala…-le susurras al oído. Ahora dile lo que le vas a hacer. Dile que vas a joderle bien su culo. Míralo. Lo tiene bien a punto. Te va a tragar entero.

-Prepárate, zorra. ¡Te voy a romper tu puto culo! -escucho que me dice mientras veo cómo te retiras y empiezas a pajearte apoyado en una de las paredes acristaladas, tú, mi voyeur.

-Eso es chaval. Aprendes rápido, aunque, claro, tienes buena maestra. Estás ante la reina de las enculadas. Le encanta tener su culo lleno de polla y más si es como la tuya de gorda. Venga, clávasela bien, quiero ver cómo va entrando. Eso es, poco a poco. Primero métele ese capullo rojo y lúbrico. ¿Sientes como se va abriendo para tí? Ya te lo dije. Le encantan las pollas a mi putita. ¡Vamos, quiero verlo! Ábrele bien el culito. Déjame ver cómo se va tragando tu tranca. ¿Lo notas? ¿Notas las paredes de su culo cómo se abren para recibirte? Eso es, sigue así bombéala, clávasela hasta el fondo. Mira como le gusta. Así, eso es. Ya la tiene toda dentro. Tu polla ha desaparecido entera y eso que es enorme. ¡Tú calzas bien chaval. Ten cuidado que igual te la arranca y se la queda dentro para ella, la muy zorra.

La escena no puede ser de lo más caliente. Quién se iba a imaginar que la chica modosita que conocí en el restaurante, con cara de no romper nunca un plato, estaría al rato semidesnuda en un ascensor acristalado parado en el ático de un hotel de lujo, entre dos extraños, con las piernas bien abiertas y uno de ellos clavándote su polla gigantesca en tu culo sediento. Ahora sé que eres mía, que te tengo en mis manos, que estás dispuesta a todo para complacerme, mi putita sumisa.

-Ven aquí. Incorpórate. Mira que caliente me pones. Deja que yo también te meta la polla. Así, cuélgate de mi cuello. Dame tus piernas. Déjame entrar en tu coño tan apetecible. ¿Me sientes? Mira como me tienes, ¿notas que gorda está? Te la voy a clavar hasta la garganta porque me encanta tenerte ensartada. Vamos. Abre bien tu culo y deja a nuestro amigo follártelo de nuevo. ¿Te gusta? Sé que te encanta. Eres la más puta de todo el hotel. Te vuelve loca tener dos pollas dentro de ti y sentirte a merced de dos machos enfebrecidos. Te excita extraer nuestros más bajos instintos. Mira, si hasta el del helicóptero del tráfico no para de dar vueltas iluminándonos con su foco. Eres el deseo de todo hombre.

Y ahora siente como nos corremos. Nos licuamos dentro de ti y nuestros miembros se subliman en un orgasmo feroz. Tú sonríes con orgullo de hembra triunfante al obtener el tributo del vencido tras la batalla y con la satisfacción de haber cumplido nuestros deseos y haber puesto tu cuerpo a nuestra total disposición para el placer.

De camino a la habitación, los dos vamos enormemente excitados y con nuestra cabeza dando vueltas en un estado de lujuria insaciable, pero… aún queda mucha noche por delante y promete muchas y sorprendentes cosas.

Saco un pañuelo de papel del bolsillo y limpio tu muslo chorreante mientras abrimos la puerta.

Una vez dentro, sirvo unas copas para reponernos y me dirijo al baño para llenar la bañera de espumosa agua caliente. Al volver veo que te has despojado de todas tus ropas. Te contemplo en toda tu desnudez, admiro tu rotundo cuerpo de mujer y sé que ese cuerpo me pertenece, es mío toda esta noche y voy a aprovecharlo al máximo. Pareces leer mi pensamiento y te ruborizas levemente en un gesto infantil.

-Ven aquí, acompáñame al baño. Deja que prepare tu cuerpo para gozar de él. 

Te cojo en brazos y te introduzco en el agua tibia. Mis manos recorren jabonosas tu piel recreándose en la sensación del contacto, tu espalda, tu cuello, tus axilas provocativas, tus pies regalo de fetichistas, tus pantorrillas brillantes, tus muslos temblorosos que se abren para mí. Tus pechos hermosos y llenos, con sus lascivos pezones enhiestos. Ummm como me gusta masajearlos, sentir como llenan mi mano, como resbalan en ella, como los vuelvo a apresar, sentir su piel suave, tersa, brillante.

Te obligo a ponerte a cuatro patas y con tu culo en pompa, tan deseado por mí, tus cachetes redondos que ocultan el tesoro de mis deseos. Los abro y contemplo todo tu sexo provocativo con sus labios hinchados y voluptuosos. Los abro y toda tu vulva se muestra ante mí hermosa, apetecible, jugosa.

Acaricio el festón sonrosado de su entrada que reacciona al contacto como las antenas de un caracol, contrayéndose. Está viva, anhelante, deseosa. Mi dedo se desliza por toda la superficie brillante siguiendo las ondulantes líneas que me conducen hasta tu tímido clítoris semioculto entre sus pliegues. Lo tomo entre mis dedos y lo voy desperezando con pequeñas caricias resbaladizas.

Subo hasta la entrada de tu culo, lo contemplo con su anillo rojo, brillante, todavía distendido por las embestidas del botones. Boqueante, recibe mi dedo y se cierra sobre él con ansia. Derramo mi saliva y un hilillo fino que se desliza por tu raja hasta entrar en el ano. Introduzco dos dedos con total facilidad y los recibes con ligeros gemidos de gatita en celo mientras mueves zalamera tu culo respingón.

Paso mi lengua por cada uno de tus eróticos lunares, mordisqueo la piel donde están situados como queriendo apropiarme de ellos. Mis manos se aferran a tus nalgas, las palmeo, las separo, las junto, las masajeo, son mías, me pertenecen. Todo tu cuerpo es mío. Y quiero poseerlo, lentamente, muy lentamente, saborearlo, disfrutarlo al máximo. Cada milímetro de tu piel, cada uno de tus movimientos, quiero que quede grabado a fuego en mi retina para no olvidarlo jamás. Recordarlo el resto de mi vida y en cada recuerdo que sigas siendo mía, siempre mía.

Cojo una toalla y me dedico a secarte con suavidad y parsimonia. Cada rincón y cada pliegue de tu suave piel. Tú, mi niña tímida e indefensa, que me sonríes con tus ojos llenos de secretos, deseosa de compartirlos conmigo. Te elevo en mis brazos y te siento sobre la repisa del lavabo. Cojo el bote de espuma de afeitar y con sonrisa pícara separo tus piernas.

Pones cara de sorpresa pero te dejas hacer sumisa. Yo extiendo la espuma por todo tu pubis y tus carnosos labios y empiezas a sentir el refrescante tacto de mi mano que aprovecha para acariciar tu sexo descuidadamente bajo tu atenta mirada.

Con la maquinilla comienzo a rasurarte el vello lenta y delicadamente, con la habilidad del hombre que se afeita cada mañana mecánicamente pero con especial atención a tan delicada parte de tu cuerpo mientras continuas contemplando mis maniobras extasiada viendo al vello desaparecer de tu piel quedando tersa y suave, tan tierna. Cuando termino, te aclaro con un poco de agua y te seco meticulosamente. Te contemplo totalmente rasurada. Ahora se resalta más la hermosura de tu sexo provocador.

Entonces me dedico a peinarte, te doy crema por todo el cuerpo, te perfumo, te pinto los labios sensuales, los ojos misteriosos, doy rimmel a tus pestañas. Tú, mi muñeca, mi juguete, te dejas hacer. Con mis manos te moldeo, te transformo. Te cojo en volandas y te llevo a la cama.

Tomo tus pies delicados entre mis manos y te calzo unas sandalias romanas color cobre. Me entretengo cruzando las cuerdas sobre tus pantorrillas que ahora resaltan sensualmente. Te ciño un brazalete de plata a tu brazo y te ato una cadenita a tu cintura. Cojo un short de encaje negro y lo deslizo muslos arriba hasta ajustarlo a tu cuerpo con delicadeza y parsimonia, me encanta como realza tu culo y como esconde graciosamente tu pubis haciendo destacar el blanco de tus muslos.

Te das la vuelta para que pueda abrocharte el sujetador, también negro de media copa que eleva tus pechos y que deja a la vista tus pezones, ofreciéndomelos. Sólo me falta ajustarte el vestido negro que se pega a tu cuerpo como una segunda piel, marcando sensualmente tu figura, el envoltorio perfecto para ti, mi regalo soñado y deseado.

Justo en el momento en que estoy contemplando extasiado mi obra terminada, llaman a la puerta:

-Servicio de habitaciones….

 

Esta historia todavía no ha terminado. Continúa la tercera parte de Mi Oscuro Objeto de Deseo.

 

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