Quieres un Masaje?

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masaje sensual

Mi primer relato de hace ya….. Un poco naif pero le tengo un cariño especial.

Tu dices que no quieres que hable más. Quieres que me calle la boca y sentir mis manos sobre tu piel. Dices que eres toda mía, que haga con tu cuerpo lo que quiera, que te lleve al éxtasis. Quieres sentir el placer en todos los poros de tu piel.

Cojo un pañuelo de seda negro y te vendo los ojos. No puedes ver nada, solo sentir mi tacto en tu piel.

Te tumbo boca abajo en la cama y paso suavemente mis dedos por tu espalda bajando hacia tu culo y siguiendo por las piernas. Cojo aceite en mis manos y comienzo a masajear tus pies con dulzura. Paso mi palma por la planta, acaricio cada uno de tus deditos que resbalan entre los míos. Me recreo en tus tobillos delicados.

Hago la misma operación con el otro pie y paso la yema de mis dedos por ellos en suaves caricias apenas perceptibles.

Vuelvo a coger aceite y lo extiendo por tus estilizadas pantorrillas. El masaje se hace un poco más enérgico en ellas liberando las tensiones de tus músculos. Levanto una tras otra apoyándolas sobre mi hombro y continúo masajeando. Notas una sensación de alivio y de frescor que te relajan un poco más.

Ahora me dedico a tus muslos, firmes y bien formados. Mis manos se deslizan por su cara posterior abarcándola en toda su extensión. Las paso por la cara externa deslizándome hasta la cadera y vuelvo a bajar, repitiendo el movimiento una y otra vez.

Con mis manos resbaladizas me aventuro por la parte interna, desde la rodilla hasta casi rozar tu sexo. Aquí descubro infinitos puntos sensuales de placer que mis dedos van tocando.

Mis manos resbalan voluptuosamente sobre tu brillante piel, ávida de caricias. Con un toque pícaro rozo de vez en cuando tu sexo con alguno de mis dedos, como sin querer… Vuelvo una y otra vez sobre mis pasos acariciando y masajeando tus muslos juveniles.

Dejo caer unas gotas de aceite sobre tu redondo culito. El contacto frío del líquido te hace dar un respingo apretándolo aún más. Mis manos anhelantes acarician la sedosa piel de melocotón y dibujan su forma provocadora. Masajeo tus nalgas sin pudor, deslizo mis dedos por la línea que las separa.

Mis dedos ya confiados se adentran en tus confines más íntimos. El aceite los baña y lubrica de una manera morbosa, realzando su belleza. Tú gimes como una gatita en celo, abriendo tus piernas un poco más. Tu pensamiento se concentra el los movimientos de mis manos sobre cada centímetro de tu cuerpo.

Ya estoy sobre tu espalda. Femenina pero fuerte a la vez, bien musculada a la vez que delicada. Mis manos la recorren de arriba a abajo, de abajo a arriba. Llego hasta tu cuello. Pellizco suavemente tu nuca. Me recreo en tus hombros. Me gustan. Son sensuales.

Ahora acaricio todo tu cuerpo con la yema de mis dedos. Levemente, tu piel se eriza a su paso denotando el placer que provocan.

Tomo uno de tus bellos pies en mi mano y lo acerco a mi boca. Beso su planta, su empeine, sus dedos. Tomo uno de ellos entre mis labios, mi lengua comienza a juguetear entre ellos. Te estremeces. Mordisqueo tu talón y voy subiendo por la pantorrilla, besos húmedos y amplios. Me entretengo en el hueco detrás de tu rodilla con mi lengua. Tu sensibilidad está a flor de piel.

Ante mí la locura de tus muslos cálidos, llenos de deseo. Mi boca quiere poseerlos, saborearlos, extraer todo el placer que contienen. Araño con mis dientes la piel de tu cadera, morena y tersa. Voy al otro lado y noto la suavidad de la piel de su interior. Piel estremecida, temblorosa, deseosa.Más cálida cuanto más me acerco al vértice donde se juntan.

Paso mi lengua por la forma de tu nalga, mordisqueo aquí, beso allí o lamo allá.

El tiempo se detiene mientras devoro tu culo provocativo. Continúo mi ascensión por tu espalda, tus costados, adivino el inicio de tus pechos bajo tus brazos, suaves, sedosos. Sigo hasta tu nuca con mi lengua. Te retuerces anhelante. Beso tu cuello ardorosamente, el lóbulo de tu oreja. Mientras mis manos masajean tu cabeza. Cojo pequeños mechones de tu bonito pelo entre mis dedos y los acaricio.

Acerco mi boca a tu oído y te susurro dulcemente:

¿Puedes darte la vuelta, mi amor…?

Te ayudo a girarte sobre ti misma. Estás desorientada por la venda y por el placer. Ahora me ofreces tu cuerpo en todo su esplendor. Tus senos erguidos, tu vientre liso, tu pubis prominente, tus muslos estilizados, tus piernas torneadas, tus pies delicados…

Comienzo otra vez por tus pies. Me entretengo en el empeine, los tobillos finos, la brillante piel de tus piernas. Tus muslos, enloquecedores, capaces de abrazos de amor desbocado. Mis manos se asientan sobre tus caderas. Se cruzan sobre tu vientre, descienden sobre tu pubis, mis dedos se enredan en la fina línea de vello que lo recubre.

Masajeo con la punta de mis dedos. Uno de ellos, descarado se desliza entre tus muslos notando su húmeda calidez. Ya suben de nuevo por tu vientre, bajan hacia tus costados para subir de nuevo. Cojo más aceite entre mis manos, las froto para calentarlas y las dejo resbalar sobre tu pecho.

Al contacto con el aceite, estos brillan voluptuosamente. Mis manos tocan su fina y suave piel, tantean su firmeza, se escurren juguetones. Tus pezones sonrosados como dos botones de nácar, se retraen y oscurecen al contacto de mis caricias. Los cojo entre mis dedos y pellizco delicadamente. Una sonrisa placentera asoma en tu boca.

Acaricio cada uno de tus brazos, desde el hombro hasta la punta de tus dedos. Junto mi palma con la tuya entrelazando los dedos en un contacto muy cercano y humano. Acerco mis dedos a tu boca y dibujo con ellos la línea de tus labios. Tu asomas tu lengua y jugueteas con ellos invitándome a pasar. Entra uno que chupeteas con dedicación, rodeas con tu lengua y empapas con tu saliva. Otro le sigue y los dos comienzan a nadar junto a tu lengua.

Deslizo ahora mis dedos húmedos hacia tu pezón de nuevo. Juego con él, provocándolo. Mis dedos recorren todo tu cuerpo electrizándolo en caricias que apenas rozan el vello. Te estremeces placenteramente y susurras mi nombre.

Acudo a ti, a tu boca anhelante con mis labios sedientos. Ambos se funden en un beso irrepetible. Fogoso y tierno a la vez. Tu lengua atrevida, se aventura más alla de los confines de mis labios y busca la mía con desesperación. Se encuentran y abrazan locamente…

Abrazo tu lengua entre mis labios como una fruta madura. Mordisqueo la carnosidad de tu labio inferior. Ahora tu haces lo mismo con el mío. Descienden mis labios por tu barbilla y aspiro el perfume de tu cuello. Beso tus hombros, tus brazos, tus muñecas, tus manos y saboreo tus dedos uno tras otro, acariciando entre ellos con mi lengua.

Mi boca saltarina se posa ahora en tu tripita y notas mi lengua cosquilleando en tu ombligo, subir hacia tu pecho, posarse en tu ya duro pezón. Sientes mis dedos y mis labios extraer el placer que contienen. Placer que te lleva casi al paroxismo.

Mientras mis manos quedan rezagadas sobre tus pechos. Mi boca desciende nuevamente, saboreando, tus costados, tus caderas, el comienzo de tu pubis. Bajo mis manos tu vientre mullido se eleva al ritmo del deseo.

Devoro tus muslos elásticos que me enloquecen, acaricio tus rodillas con mi boca. Subo por fuera, bajo por dentro y vuelta a empezar y ahora al revés. Crece en tí el deseo, una esfera de energía que sale de tu interior, se agranda y te envuelve.

Separo tus piernas con mis manos y ante mí aparece tu sexo en todo su esplendor, palpitante, deseoso. Deposito tiernos besos sobre tu pubis. Vuelvo al interior de los muslos, cada vez más cerca. Notas mi cálida respiración sobre tu vulva, un cosquilleo enervante…

Ahora notas frío, soplo suavemente sobre tu sexo. Qué sensación de frescor! Mi aliento vuelve a ser caliente. Y ahora frío de nuevo. Juego así hasta desesperarte. Mientras mis dedos tamborilean sobre los labios de tu entrepierna.

De pronto oyes un zumbido. ¿Qué es? Lo intuyes, pero no puedes creerlo. Sí lo es. Lo notas,  sientes el zumbido y la vibración sobre tu clítoris. ¡Qué sensación más placentera! Saltan chispas de tu vientre.

El aparatito se desliza más abajo y se asoma ligeramente a tu vulva. Lo sientes dentro de tí, notas su vibración en tu interior. Sale de nuevo, cosquillea el agujero de tu culito, da media vuelta y vuelve a subir hacia tu clítoris arrastrando sensaciones maravillosas. Se posa sobre aquel dispuesto a quedarse hasta conseguir libar todo el jugo del placer que ya llega en oleadas.

Tu cuerpo se curva convulso mientras de tu garganta salen estertores del dulce desfallecimiento.

Ahora reposas entre mis brazos con una dulce sonrisa en tus labios y oigo tu respiración pausada. Vas cayendo en un profundo sueño y notas mis besos cada vez más lejos, pero siempre presentes.

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