Provocar

Facebooktwittergoogle_plusrssyoutube

provocar excitacion

Se que te encanta provocar y provocarme. Excitarme al máximo. Mantener esa excitación durante mucho tiempo. Hacerme sufrir hasta no poder más. Te gusta el juego de la provocación calentando el ambiente, mantenerlo al rojo vivo, no quieres que acabe. Recrearte viendo el deseo reflejado en mis ojos. Un hormigueo recorre tu columna al sentirte deseada, saber que quiero tu cuerpo. T e gusta pensar en lo mucho que me excitas y me calientas.

Por eso hoy has decidido atarme.

Sí. Me has colocado unas esposas y las has pasado por detrás del radiador. Estoy totalmente inmóvil, no puedo dar ni un paso. Pero mis ojos y mi mente están bien abiertos para recibir el regalo que intuyo me vas a hacer.

Te alejas lentamente de mí hasta colocarte a dos pasos de distancia. Mientras lo haces, tus ojos me queman las retinas, desnudan mi mente, desnudan mi cuerpo. Veo imágenes futuras de tu pensamiento reflejadas en ellos.

Lentamente comienzas a moverte felina, como si fuera una coreografía ensayada. Mueves tu cuerpo haciendo resaltar tus curvas. Volviendo más evidente lo evidente.

Tus manos comienzan a recorrerlo provocativamente. Te acaricias suavemente sobre la ropa a la vez que te vas acercando a mí hasta tenerme casi pegado.

Siento tu aliento provocativo en mi boca. Apenas rozas mis labios con los tuyos entreabiertos, jugosos, brillantes, promesa de tantos placeres ocultos. En tus ojos puedo leer como me invitas a probar de tu fruta prohibida, pero antes debo sufrir para obtenerla.

Tus manos oprimen tus pechos que bajan rozando mi torso. Te pegas a mi como una lapa, siento el calor de tu cuerpo, tu perfume embriaga mis sentidos. Te apartas de mi apoyando tu mano sobre mi pecho y te das la vuelta con un gesto de desdén.

Cimbreas tu culito provocativamente al ritmo de tus caderas mientras caminas de nuevo hacia atrás a la vez que tus manos van subiendo tu camiseta y dejando desnuda la piel de tu espalda.

De nuevo pegas tu cuerpo al mío. No pasa ni el aire entre nosotros. Siento tu culo contra mi pubis como buscando. Buscando y encontrando. Arqueas tu cuerpo a la vez que inclinas tu cabeza hacia atrás hasta rozarme con  tu pelo. Yo me revuelvo intentando zafarme. Comienzo a estar muy burro. Quiero arrancarte la ropa. Necesito tocarte, morderte, sobarte, besarte.

Sientes mi impulso y te separas de nuevo como si te quemase. Te sueltas el botón del vaquero y, con una sonrisa pícara, lo bajas ligeramente mostrándome una parte de tu tanguita resaltando tus nalgas. Paras ahí, te das la vuelta, tus brazos sobre tus pechos, ocultándolos, oprimiéndolos.

Contemplo tu imagen, tu cuello, tus hombros desnudos, tu cintura, tus caderas sobre el vaquero entreabierto mostrando tu vientre muy abajo y parte de tu pubis cubierto por la braguita coloreada que resalta sobre tu piel.

Lenta y morbosamente vas apartando tus brazos dejándome ver tus deseados pechos. Me los ofreces como en bandeja con tus dos manos bajo ellos. Los elevas, los juntas, los acaricias, los separas, los oprimes, te llevas uno de ellos a la boca, estiras tu lengua hasta rozar tu pezón con ella. Me miras como diciendo “¿quieres probarlo?”

Te acercas de nuevo a mí. Acaricias mi torso con el tuyo mientras comienzas a soltar los botones de mi camisa. Uno a uno. Lentamente. Disfrutando.

Acaricias mi pecho con tus manos. Tus dedos se pierden entre mi vello buscando mis pequeños pezones. Tu lengua los acaricia excitándolos. Tus pechos suben desde mi vientre hasta mi pecho, cálidos, suaves. Siento tu piel acariciando la mía y los dos observamos como lo hacen. Levantas tu cabeza, acercas tu boca a la mía  y acaricias  mis labios  con los tuyos dejando un rastro de miel en ellos.

Tu cuerpo cimbreante baila pegado al mío. Tus manos recorren el mío produciendo escalofríos de placer. Te separas de nuevo y de espaldas comienzas a bajarte el pantalón. Tu culito redondo queda frente a mí, balanceándose provocativamente. Posas tus manos sobre él y lo acaricias mientras giras tu cabeza para mirarme con sonrisa pícara.

Ya de frente, casi desnuda, apenas cubierta por la braguita, vienes felinamente hacia mí con tu mirada puesta en mi entrepierna ya abultada. Acercas tu mano a ella y la acaricias de arriba a abajo sintiéndola crecer palpitante. Te agachas hasta quedar a la altura y comienzas a pasar tu barbilla por toda su longitud. Luego bajas con tu mejilla pegada a ella. Tus dedos se acercan al botón superior que desabrochas hábilmente. Luego otro y uno más. Suficientes para que puedas ver mi abultado slip y acariciarlo con tus uñas.

Separas a los lados la tela del pantalón y recorres con tu lengua la figura que resalta entre medias. La mordisqueas, la besas con todos tus labios, la recorres con tus dedos, arriba y abajo, toda entera, cada vez más prominente, cada vez más dura. Tu saliva empapa la lycra del slip que se vuelve más sugerente con la transparencia.

Te levantas de nuevo y a la vez que terminas de bajar del todo mi pantalón te pegas de espaldas a mí. Te acoplas a mi forma, me encajo entre las tuyas. Te mueves provocativa. Me empujas con tus fuerzas. Ahora ya, tu pubis contra mi pubis, tela contra tela, frotamiento caliente, tensión sexual, tus manos en mi cuello, tus caderas expandidas, tu pelvis basculante, mi cuerpo electrizado.

Dulce sufrimiento. Sensaciones jugosas. Caricias profundas. Éxtasis desbordado. Parálisis silenciosa. Placer extenuante.

Facebooktwittergoogle_plusmail

Comenta!

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *