Nueva Incursión en el Mundo de la Fantasía y el Placer

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intercambio de parejas

Pues quedamos el viernes para hacer una nueva incursión en el mundo de la fantasía y el placer. Nos tomamos primero unas cañitas por Chueca para entonarnos un poco y sacarnos de encima el cansancio de la semana. Nos vimos y reconocimos, teníamos ganas de vernos, de tocarnos de nuevo, de olernos. De mirarnos a los ojos, de susurrarnos al oído palabras de deseo.

Con una mirada nos preguntamos “vamos?” Sin dudarlo cogimos el coche y nos dirigimos hacia allí. De nuevo la puerta negra, el portero de mirada inquietante. Con la naturalidad de lo conocido nos dirigimos a la barra. Allí nos comentaron que a partir de las once comenzaba la hora en ropa interior, todo el mundo debía ponerse en ropa interior en el local. Nosotros asentimos, no nos importaba, realmente en unos minutos estaríamos absolutamente desnudos como así fue.

Mientras tomábamos las copas llegaron dos parejitas alrededor de los veintitantos. Cuando bajamos, ya salían de cambiarse y subían en ropa interior al bar. Nosotros nos dirigimos a la zona de la piscina, nuestro lugar preferido. Allí, B eligió la penúltima cama del fondo para tumbarnos. La sala todavía estaba vacía, sólo una pareja al lado nuestro practicaban sexo oral.

Nosotros nos sentimos a nuestras anchas, como si estuviéramos solos, felices, charlando, riendo, bebiendo, tonteando. Caricias, miradas intensas, reconocimiento mutuo después de la distancia obligada. Nuestros cuerpos comenzaron a recordarse, a reaccionar con intensidad. Me sorprendió su pubis rasurado, me gustó su toque de coquetería. Me abalancé a probarlo, suave, tierno, jugoso. Pronto llegó su primer orgasmo. Silencioso, tranquilo, efímero.

Sin darnos cuenta, a nuestro alrededor ya había cambiado el panorama. La pareja del principio había desaparecido. Dos camas más allá estaban las dos parejas que llegaron casi a la par que nosotros. No sabemos si cada oveja con su pareja o si revueltos, pero allí estaban entregados al placer sensual de sus cuerpos.

Nosotros continuamos nuestros escarceos. B se entregó a darme placer con su boca. Me encanta como lo hace y se lo digo, ella sonríe y se entrega a ello mientras me mira a los ojos, sabe que me gusta y se recrea en ello. Veo su boca dulce, sus labios jugosos besandome. Ummmm, me gusta sentir el tacto de su boca jugosa y caliente sobre mi piel, es una caricia tan íntima, tan bella.

No puedo resistirlo más, quiero estar dentro de ella. Lo deseo, la deseo, lo he estado anhelando todos estos días. Me recibe caliente, muy húmeda, me siento bien, nos sentimos bien, muy abrazados, muy unidos, muy íntimos, muy cómplices. Me incorporo de rodillas y abro sus piernas sujetándolas por los tobillos. Me encanta verla así, abierta, desnuda, como una ofrenda, abandonada a mí. Muevo mi pelvis, quiero que me sienta, quiero sentirla, quiero darle todo el placer del mundo, quiero verle gozar.

Al rato cambiamos, ella de rodillas, yo detrás, la incorporo, sujeto sus brazos, los llevo hacia atrás, pongo sus manos sobre mi culo, clava sus uñas en el. Yo acaricio sus maravillosos pechos mientras beso su nuca. Perfectamente acoplados, perfectamente unidos. Ella dice que me siente mucho, que le gusta. A mi me vuelve loco de placer.

Descansamos otro rato para beber un traguito de nuestras copas y observamos las maniobras de las dos parejas que se han zambullido en la piscina. Mientras uno de los chicos se queda en una esquina apoyado observando, su chica se acerca nadando al otro extremo donde está la otra pareja abrazada. Se abraza con ellos, juegan, ríen, se acarician, se besan. Sus manos no se aprecian bajo el agua pero se intuye…

Al rato salen del agua y suben al bar. En ese momento nos quedamos solos de nuevo y nos metemos en la piscina. El agua caliente nos tonifica y relaja. Jugamos a acariciarnos, rozarnos. B acaricia de nuevo mi sexo que se pone erecto enseguida. Me siento en el borde de la piscina y ella acerca su boca para darme placer. Está juguetona, nunca le había visto así y me encanta. Se aleja nadando al otro extremo de la piscina y se va acercando muy lentamente. Me mira con sonrisa pícara, baja su mirada a mi polla, me vuelve a mirar a los ojos y viene hacia mí hasta que de nuevo estoy en su boca.

Así varias veces. Mi sangre hierve, no puedo más, la deseo, quiero follarla, entrar en ella, sentirme dentro de ella. La cojo por la cintura y la atraigo hacia mi. Rodea mi cintura con sus muslos y entro en ella. Fácilmente, con suavidad, me encanta, siento el calor del agua, el calor de su cuerpo, me siento como dentro de un útero. Ella me siente, se acopla perfectamente, es una sensación muy placentera para ambos. Su peso es liviano en el agua, nuestros movimientos son ingrávidos lo que permite concentrarnos en el placer.

Permanecemos así gozándonos, descubriendo placeres, saboreando caricias íntimas, aumentando la excitación. La cojo por su culete y la levanto en vilo, ella se agarra de mi cuello y follamos como posesos en busca del éxtasis desbordado. Mientras tanto otras parejas han ido ocupando las camas. Una de ellas algo tímida, tal vez, se apoya en la pared junto a la puerta y se besan y acarician semidesnudos mientras nos miran. Se me ocurre una idea y le digo al oído “ven”. La cojo de la mano y salimos del agua. Guío sus pasos hacia la columna cercana y le indico que apoye sus manos en ella. Me sitúo detrás de, separo sus nalgas mojadas y me guío de nuevo a su interior.

Como si la espolease, su excitación crece. Tal vez por verse así expuesta a las miradas, por la postura excitante, o por la conjunción de sensaciones. Un escalofrío recorre su cuerpo en sucesivas oleadas de placer. Siente un frío repentino y la llevo rápidamente a la cama arropándola con la toalla y con mi cuerpo que pego al suyo quedando totalmente acoplados y abrazados. Permanecemos así un rato, sin decirnos nada, sintiendo solamente la sensación del cuerpo del otro, el latido de los  corazones, la respiración profunda…

Vamos resucitando poco a poco. Besos, caricias, miradas, susurros nos excitan nuevamente. Me sitúo sobre ella hasta llegar a su  coño, ella tiene mi culo a su alcance. Lo acaricia, acaricia mis pelotas, sube hasta mi agujerito, juguetea con el. Ahora siento su lengua, lo rodea, lo evita, se acerca,, se aleja, lo humedece. Sus deditos juegan curiosos con él. Lentamente va introduciendo uno de ellos. Primero la yema, luego insiste y consigue que entre entero. Me mata, me gusta. Me encanta. Me siento muy suyo, poseído, entregado. Su lengua sustituye a su dedo, ahora. Qué locura! Me encanta. Me vuelve loco de placer. Me saborea como una posesa. Siento su lengua bien dentro de mí, moviéndose, jugando. Me hace desvariar.

Mientras así estamos veo a la parejita tímida que antes se acariciaban de pie. Han vuelto y se acomodan en un sofá frente a nosotros, observándonos. Nosotros seguimos a lo nuestro. B me hace saber que le encanta tenerme así, en sus manos, en su boca, le excita mucho verme entregado, mis gemidos, mi abandono. Se tumba boca arriba, yo de lado y entro en ella. La unión es muy profunda, muy placentera. Fácilmente puedo acariciarle. Sus pechos, su vientre, su sexo, comienzo a masturbarle, suave primero, sintiendo como crece su pequeño miembro. Aumento las caricias y la penetración a medida que aumenta su excitación. Tomo su mano y la llevo hacia su sexo. Ella cortada se resiste al principio, se sabe observada. Yo le susurro que se acaricie para mí. Tímidamente lo hace. Yo, con mi mano ya libre puedo acariciar su húmeda vulva, mi miembro entrando en ella, el pliegue de sus nalgas.

Me agarro a su cadera y comienzo a embestirle candenciosa y rápidamente. El movimiento de su mano es ahora más libre, buscando su placer. Abandonada, olvidando todo a su alrededor. Su cuerpo se tensa en un arco, levanta su culo, gime, junta sus piernas, apretando su mano entre ellas. Yo la penetro profundamente y me quedo quieto ahí, sintiendo sus oleadas que me envuelven. Me gusta ser testigo y partícipe de ello. La abrazo y nos besamos tiernamente entre caricias. No nos hemos dado cuenta que la parejita de enfrente se ha venido a la cama pegada  a la nuestra. Cuando nos damos la vuelta ella está tumbada junto a mí. Su cuerpo delgado, su pecho pequeño. Su braguita blanca resalta sobre su piel morena. Él la aparta un poco y acerca su boca al sexo de ella.

Nosotros nos sentamos cómodamente con la espalda en los almohadones y les observamos  sin decirnos nada. No queremos molestarles, entrometernos, aunque deseamos acariciarles, besarles. Ellos terminan, nosotros dudamos y cuando nos queremos dar cuenta ya se han ido a la piscina. Tal vez si les hubiésemos dicho algo… tal vez…

Seguimos charlando relajadamente sin apenas darnos cuenta de lo que pasaba a nuestro alrededor. De pronto a nuestro lado se tumbó una de las parejas que llegaron con nosotros. Él musculoso y con tatuajes, un poco chulito de gimnasio. Ella morena de pelo rizado, cara dulce y cuerpo fuerte. Comenzó a hacerle sexo oral a él. Nosotros les miramos expectantes y comentamos entre nosotros.

-Queréis que os hagamos compañía? -preguntó la chica. Nosotros dudamos como pensándolo. B no estaba convencida del todo.

-Entonces sois nuevos por aquí?-soltó él mientras deliberábamos. La carcajada de los dos resonó en el local. Nuestra líbido cayó a los pies instantáneamente y su chica le reprendió con gracia.

-Te he dicho mil veces que tu callado, no hables.

Ella recondujo la situación con naturalidad y comenzamos una charla amigable. Se sentó sobre el miembro de su chico y comenzó a cabalgarle con fiereza. Mientras nuestras manos acariciaban su pecho de piel suave y tersa y su culo recio y fuerte. Al rato el chico se levantó.

-Cuidádmela -nos dijo mientras salía de la sala.

-No te preocupes, está en buenas manos -contesté. De un salto me puse al otro lado de ella. Tomé la mano de B y la llevé a uno de sus pechos, yo acariciaba el otro mientras. Pronto lo llevé  a mi boca comenzando a besarlo y a acariciar el pezón con mi lengua. En eso estábamos cuando volvió su chico que se tumbó inmediatamente con B.

Yo seguí acariciando y besando a la chica , su boca fresca, su lengua juguetona, sus vivarachos ojos negros. Al instante comencé a sentir sus caricias en mi polla y correspondiéndole bajé mi mano a su coño totalmente rasurado. Mi boca fue bajando por su torso y su vientre hasta llegar a su sexo. Me entregué a saborearlo y acariciarlo suavemente permitiéndole a ella continuar con sus caricias enervantes que me estaban provocando una buena erección. Me incorporé de rodillas frente a ella para que pudiera contemplar su trabajo y presurosa se la metió en la boca. Boca dulce, suave, cálida, experimentada.

Tan absorto estaba que no me había fijado en B y su pareja que charlaban y no parecían arrimarse mucho aunque el lo intentaba. Ella se dio cuenta.

-Tu chica no parece muy entusiasmada  -comentó.

-Parece que no -asentí.

-Crees que le importaría si me follas? Me encantaría sentirte dentro.

– No creo que esté correcto -contesté- Me gustaría mucho, pero esto es cosa de cuatro y si uno no quiere hay que respetarlo, no crees? Ella asintió con una sonrisa. Yo me recosté sobre la pared y ella se sentó frente a mí sobre sus talones.

-Cómo te llamas? -M. contestó. -Yo, Pedro. Y nos dimos unos correctos besos.

-Es curioso, primero te como la polla y luego nos presentamos -comentó ella risueña.

-Es lo que tienen estos sitios, es el mundo al revés -apostillé. Toqué sus muslos duros como piedras. Me comentó que era deportista profesional. Tenía 29 años aunque aparentaba algunos menos. Mientras charlábamos acariciaba mechones de su larga y ondulada melena negra. El tacto era muy sedoso y suave como hacía tiempo que no había visto. Era una chica muy natural, sana, sin dobleces, un ángel.

Nos despedimos de ellos y nos dirigimos a los vestuarios. Mientras nos cambiamos B me comentó su affair con el chico. Le había parecido espantoso. No hacía más que hablarle de sus tatuajes y de sus musculitos. Para colmo le dice que era Municipal. Claro, ahora entiendo porqué se le bajó la líbido a los suelos.  Nos reímos un rato recordando la aventura. En el fondo lo pasamos bien. Otra vez será que tengamos un encuentro más satisfactorio.


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