Noche de Agosto

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Imagínate una noche tórrida de Agosto.

Estás en tu casa de la playa, una playa semidesierta de estas que salen en las pelis americanas. El calor no te deja dormir. Las sábanas se pegan a tu piel sensualmente.

Bajas a la orilla, notas la frescura del mar en tus tobillos. Te zambulles y el agua penetra en todos los poros de tu piel. Te sientes libre y excitada. Tras nadar un rato sales del agua. Levantas tus brazos para escurrir tu cabello. La luna se refleja en tu piel haciéndote parecer una diosa.

De pronto él está frente a ti. Le habías visto estos días paseando por la playa. Vuestras miradas se cruzaron con interés y deseo. Estás paralizada no sabes como reaccionar. El se acerca y te agarra fuertemente por las muñecas, acerca sus labios a los tuyos e introduce su lengua en tu boca. Un escalofrío recorre tu espalda.

Repentinamente tira de ti hasta hacerte poner de rodillas. Mientras, con una mano sigue sujetándote las muñecas, con la otra comienza a azotarte en las nalgas. Un pequeño calor-dolor placentero comienza a excitarte. A cuatro patas, con tu culito en pompa, recibes los cachetes que te ponen más y más cachonda.

Pronto comienzas a notar su lengua recorriendo la raja de tu culo hasta que, bruscamente, se introduce en tu ano, lo que te hace soltar un gritito de sorpresa. Su lengua juguetona entra y sale, acaricia los bordes sacando cosquillas placenteras y vuelve a embestir una y otra vez.

Tu excitación va en aumento y, de pronto te escuchas a ti misma gritando que quieres su polla tiesa dentro de tu culo. Te sorprende tu propia reacción, pero estás caliente como una perra en celo. El cabrón sabe como hacerlo.

Pero sus intenciones no son empalarte tan pronto. Vuelve a tirar de ti hasta obligarte a ponerte de pie y te lleva hacia una red de voley-playa cercana. Una vez allí, se quita el cinturón y ata tus muñecas por detrás de uno de los postes.

Sus manos se deslizan por todo tu cuerpo apasionadamente. Tu buscas su boca con desesperación, muerdes sus labios, introduces tu lengua que juguetea con la suya entre ríos de saliva que recoges en tu boca y la devuelves a la suya.

Sus besos húmedos van bajando por tu cuello y tus hombros hasta llegar a tus pechos que ya están atrapados entre sus manos. Acerca tus pezones uno al otro lo más posible y los saborea alternativamente mordisqueándolos y chupeteándolos.

Su boca va bajando por tu vientre, sus manos asidas a tu culo. Pronto notas el calor de su lengua en tu vulva. Luchas desesperadamente por soltarte, quieres empujar su cara contra tu coño  pero… no puedes, y te dejas hacer, te abandonas a las oleadas de placer que provocan sus labios en tu clítoris.

Mientras, con sus dedos descubre tu joya del placer. Su lengua comienza un movimiento cadencioso, húmedo y suave que lo envuelve y se vuelve frenético al compás de tu respiración. Dos dedos comienzan a acariciar tu vulva jugosa que está totalmente empapada.

Tus piernas comienzan a temblar, te notas desfallecer. Un grito sale de tu garganta mientras todo tu cuerpo se tensa en un arco de placer y, tras un momento de vacilación, te derrumbas sobre tus rodillas.

Sin tiempo apenas para recuperarte, él se desabrocha el pantalón y una enorme y potente verga golpea contra tu cara. La coge en su mano y la aprieta. Su glande rojo, brillante, parece que va a explotar de un momento a otro. Le oyes gruñir diciendo que quiere que se la comas, que te la metas en la boca hasta que reviente.

Tu abres tus labios y engulles su capullo, que llena toda tu boca. Te gusta su sabor. Lo devoras glotonamente. Pasas tu lengua por toda su longitud recogiendo la saliva que habías depositado en él. Te recreas en su frenillo, mueves sobre el velozmente tu lengua. Sabes muy bien como hacerlo.

Él comienza a estar tremendamente excitado. Agarra tu cabeza entre sus manos y comienza a bombear como si te follara la boca. Su polla descomunal te llega hasta la garganta.

Pronto oyes sus gritos de bestia enloquecida. Retira súbitamente su falo de tu boca y chorros de esperma brotan de él a borbotones. Tu los recoges rápidamente con tu lengua, no quieres desperdiciar nada de su licor, exprimes sus últimas gotas entre tus labios como si fuera una fruta madura.

Tras un momento de respiro, te sujeta por los brazos y te obliga a levantarte de nuevo. Con su lengua recoge los restos de su semen que se deslizan por tu barbilla. Te besa fogosamente y ambos saboreais su picante elixir.

Los dos estáis desaforados, sudorosos. Queréis más, os habéis vuelto insaciables.

Su miembro continúa tieso apuntando a tu ombligo. No ha perdido ni un ápice de su vigor y tu estás deseando sentirlo en tus entrañas.

Tu desconocido amante levanta una de tus piernas, lo cual deja expuesto tu coño y su falo brutal se introduce en él hasta la raíz. Sueltas un grito suplicante. Quieres sentirte empalada. Notas su verga golpear en lo más profundo de tu ser y te sientes estremecer, te mareas. Deseas poder liberarte para clavar tus uñas en su culo y empujarle más adentro. Quieres que todo él entre dentro de ti.

Como si leyera tu pensamiento, suelta el cinturón y tus manos quedan libres. Rápidamente te gira y te pone frente al poste. Sientes su pene penetrar de nuevo en tu chorreante vagina. La sensación de ser penetrada por detrás envía oleadas de placer a tu cerebro.

Con tus piernas ligeramente flexionadas y sus manos apoyadas en tus muslos, ahora, te folla suavemente, provocando el roce con la pared delantera de tu vagina.

Con su cara pegada a la tuya, tu aliento en su oído, vuestros movimientos y jadeos se sincronizan cada vez más. Aumenta el ritmo acompasado y la intensidad del placer hasta que se abren las compuertas del éxtasis y ríos de estrellas inundan vuestros cuerpos.

Caéis rendidos y sudorosos sobre la arena, abrazados y sonrientes. El sueño os atrapa al instante bajo la luz de la luna de aquella cálida noche de Agosto.

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