Mujeres, sexo y yo (2) – Jugar a Médicos

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jugar a médicos. el despertar del sexo

Otro de mis recuerdos de la infancia son aquellas mañanas de sábado o vacaciones con mi vecino Albertito y su hermana Bea cuando nos daba por jugar a los médicos. No recuerdo qué edad tendríamos exactamente. Supongo que alrededor de los siete años, pues era de las primeras veces que me quedaba solo en casa mientras mi madre bajaba a la compra.

Al auscultarnos nos encontrábamos tan malitos que, irremediablemente, teníamos que ponernos inyecciones. Raudos y veloces nos prestábamos a bajarnos el pantalón o a subirse la faldita para que el médico de turno pudiera aplicar la medicina mientras se descubrían nuestros culitos tiernos.

Clavábamos el dedo como si de una aguja se tratara para luego dedicarnos a masajear la zona supuestamente dolorida. Recuerdo con igual placer cualquiera de los dos roles: médico y paciente. Igual me encantaba sentirme acariciado y masajeado en mi culito que ser yo el que lo hacía.

Mis compañeros de juegos también lo disfrutaban pues recuerdo perfectamente como Bea me preguntaba a la primera oportunidad que tenía cuándo volveríamos a subir a mi casa para jugar a médicos.

Éramos un poco más mayores cuando inauguraron una piscina enfrente de casa. Aunque éramos de playa, al ser novedad, ese verano pasábamos las tardes zambulléndonos en ella y… buceando. Una tarde, Bea y otras dos vecinitas se acercaron a mí.

-Bucea -dijo Bea con una sonrisa pícara en los labios.

Tomé aire y buceé hasta tocar el fondo de la piscina. Al subir, mi sorpresa fue mayúscula al encontrarme justo delante de mis narices los tres culitos de las preadolescentes contoneándose con las braguitas del bikini bajadas.

Como podéis imaginar nos pasamos toda la tarde practicando inmersión una y mil veces. Mi bañador también se bajó más de una vez, más por los tirones de ellas que por mi propia decisión. Y cada vez que nos sentíamos desfallecer, nos agarrábamos a aquellas boyas naturales mientras la tarde discurría como si nada entre gritos de niños y brillos dorados de sol sobre el agua.

 

Sigue leyendo cómo continúa mi despertar en el próximo relato 

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