Mi oscuro objeto de deseo (3)

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oscuro objeto de deseo

 

Recuerdas como terminamos la anterior vez: Mi objeto oscuro de deseo-parte 2

 

Es una voz dulce y femenina.

Abro la puerta y tengo ante mí una visión: la camarera más guapa que haya visto nunca. Su cara sonriente con sus ojos negros almendrados, su boca sensual, sus dientes blancos y perfectos, su pelo negro azabache recogido. La invito a entrar y lo hace empujando el carrito que portaba una champanera rebosante de hielo con una botella en su interior.

Al pasar me fijo en su esbelto y elástico cuerpo. Vestía un uniforme con pantalón negro ceñido que remarcaba su increíble culo redondo y una camiseta negra de tirantes que se ajustaba a sus pequeños y redondos pechos y a su cintura menuda.

A esas alturas, todo el hotel debía saber nuestra peripecia en el ascensor y estoy seguro que ella se prestó voluntaria para subir a nuestra habitación. En ese momento estoy dispuesto a volverme loco, a envolverme por el deseo y a que surja todo, cualquier cosa.

Miro a mi amiga con una sonrisa cómplice y con una casi imperceptible orden de la cabeza señalo a la camarera, a lo que ella me devuelve un asentimiento mientras permanece sentada al borde de la cama con las piernas cruzadas de forma sensual.

-¿Cómo te llamas guapa? -le preguntas mientras la desnuda con los ojos
-Mar -contestó decidida con una mirada que lo decía todo. ¿Necesitan algo más los señores? -preguntó con una sonrisa lasciva.
-La señorita necesita de tu ayuda, Mar -contesté cerrando la puerta de la habitación tras de ella. Tiene un ligero problema con el vestido y no consigue sacárselo.
-No hay nada que otra mujer no pueda arreglar -contestó susurrante mientras se dirigía ma ella y le ayudaba a ponerse en pie.

La camarera se situó detrás de Sol y buscó en su cuello el inicio de la cremallera. Cuando la halló, comenzó a bajarle parsimoniosamente a la vez que su otra mano iba acariciando su espalda a medida que quedaba desnuda.

Una vez conseguido, sus manos menudas deslizaron el vestido hombros abajo hasta hacerlo caer al suelo dejando libre su cuerpo esplendoroso adornado con la lencería.

-¿Ven que fácil? Asunto arreglado -dijo Mar mientras continuaba acariciando su espalda.
-Un trabajo perfecto -contesté. Te mereces una buena propina. ¿Quién prefieres que te la dé?
-Preferiría recibirla de sus manos -contestó a la vez que cogiendo a Sol de la barbilla acercó sus labios a los suyos.

Yo me senté en un silloncito dedicándome a contemplar la escena. La chica sabía lo que se hacía, era una experta en las artes amatorias lésbicas.

Sol me miraba con una mezcla de pudor y excitación. Era su primera experiencia con otra mujer, aunque era una fantasía sexual que le rondaba muy a menudo por la cabeza.

Las manos y la boca de la pequeña maestra comenzaban a despertar los sentidos bajo su piel, hasta que todo su pudor primerizo desapareció y tomando las riendas comenzó a desnudar el cuerpo menudo y sensual de la camarera al ritmo de besos y caricias.

Yo permanecía en la gloria, contemplando la maravillosa escena que tenía lugar ante mis ojos, de una belleza erótica fuera de lo normal, una coreografía amatoria bien sincronizada como ensayada mil veces. Contemplaba sus cuerpos anudados sobre las sábanas en un oleaje cadencioso que más que agua parecía de lava incandescente. Bocas deseosas, brazos ondulantes, vientres elevados por la respiración, mechones entrelazados, muslos contraídos, vulvas húmedas de caricias.

Mar extendió el brazo hacia la mesilla y cogió un bote de crema. Tras abrirlo con delicadeza y mirándote lascivamente, se recreó en extenderla por sus manos. Las acercó a tu sexo y comenzó a acariciarlo. Sus manos resbalaban sensuales volviéndola loca de deseo. Uno de sus dedos se introdujo en su interior buscando sus rincones de placer más ocultos. A este le siguió otro, y luego otro, y uno más. Apenas sin darse cuenta, toda la pequeña mano de nuestra partenaire ocasional había desaparecido en el interior de su coño, hasta la muñeca. Sol comenzaba a retorcerse de placer. Se sentías llena, totalmente follada por esta pequeña niña traviesa que la mataba tan dulcemente.

Ordené a Mar que le ayudara a girarse sin sacar su mano y Sol se quedó de espaldas, de rodillas sobre la cama, con su culo hermoso frente a mí, su coño dilatado con la mano de Mar dentro de ella.

Le dije que preparara ese culo para mí y Mar comenzó a acariciarle la entrada apretadita y, poco a poco, se fue abriendo. Mientras, su otra mano continuaba moviéndose lentamente dentro de ella con parsimonia.

-Sí, continúa, me vuelves loca, me encanta lo que me haces -comenzó Sol a gritar con una voz ronca y profunda.

-Quiero que me prepares para ella -dije mientras acercaba mi polla a los labios de la camarera que la engulló con glotonería mientras comencé a azotar las nalgas en pompa que Sol movía como una perrita en celo.

-Quieres que te follemos los dos ¿a que sí? Sé que lo estás deseando. No puedes resistirlo más -gruñí mientras me ponía de pie tras de ti.

Nuestra amiga agarró mi polla y la dirigió contra el ojete ya dilatado, comenzando a hacer presión como con un ariete que fue desapareciendo de su vista engullido por tu agujero negro.

-Eso es. Folladme los dos. Soy vuestra. Haced lo que queráis con mi cuerpo. Disfrutad de él como yo lo hago -gritó totalmente excitada, fuera de sí.

Comencé a follarte más profunda y rápidamente. A cada embestida sentía la mano de Mar a través de las paredes de tu culo. A la vez, ella comenzó a acariciar con su lengua mis pelotas y mi culo, cada vez más cerca de mi ojete hasta que la introdujo totalmente en él violándome.

Sus dedos la sustituían de cuando en cuando y cada vez más profundamente dentro de mí. Mmmmmmm ¡Qué placer! ¡Cómo me estaba matando tan ricamente!

Estábamos follándote duro, los tres disfrutando como locos, con tu cuerpo en tensión esperando el estallido del placer de un momento a otro. Su comienzo se simultáneo en tu coño y en tu culo y fue irradiando por toda la zona hasta invadir todo tu cuerpo.

Mi polla sintió tus estremecimientos y, como contagiada por el placer, comenzó a convulsionarse. La saqué rápidamente de su escondrijo en el momento en que comenzó a escupir ríos de leche caliente y blanca como la nieve que entraban en tu ano totalmente dilatado y resbalaban por todo tu coño y la mano de nuestra chica. Esta se dedicó a limpiarte con su lengua hasta los rincones más recónditos, sin dejar ni gota sobre tu piel.

Nos quedamos un rato los tres tumbados abrazados, acariciándonos hasta que Mar se levantó y comenzó a vestirse. Se le había hecho muy tarde y seguramente se preguntarían dónde se había metido.

Le dimos las gracias por unirse a nuestro juego y ella nos respondió encantada de haber jugado con nosotros y, esperando que se repitiera algún día, nos despedimos con unos cálidos besos.

-No se acaba aquí la noche -te dije mientras cerraba la puerta con mi espalda y te veía completamente desmadejada sobre la cama….

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