Jueves erótico

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jueves erótico: historias de sexo

El jueves por fin te decidiste a quedar conmigo. O eso parecía.

Te mandé un sms diciéndote que ya había terminado. Estaba libre. Recibí otro tuyo contestando que todavía te faltaba un poco. Decidí mientras tanto hacer unos recados para pasar el rato.

El tiempo iba pasando sin tener noticias tuyas. De vez en cuando te enviaba un mensaje. Se hacía tarde y me fui a tomar algo al Fast Good de Padre Damián y saludar a un amigo de paso. Estuvimos un rato charlando y a las once, aproximadamente, decidí marcharme descorazonado y desilusionado.

Hasta ese momento aun guardaba la esperanza de que me llamaras, pero, en ese momento, sabía que no iba a ser así.

Ya de camino a casa, decidí llamar a mi amiga Simone. Una compañera de clases de yoga, francesa, un auténtico bombón de 22 añitos, simpatiquísima, alta, con un cuerpo de vértigo, azafata de Air Europa.

Probé suerte por ver si estaba en Madrid entre alguno de sus vuelos. Me contestó al otro lado con su voz cantarina. Síiii, estaba en Madrid, haciendo footing en ese momento. Se alegró mucho al oirme, se acordaba mucho de mí y estaba deseando verme.

En casa de Simone

De un salto me planté en su casa. Me abrió la puerta con su chandal todavía sudoroso, su pelo peinado en dos graciosas coletas a los lados y una amplia sonrisa en su boca.

Me atrajo hacia ella, acopló su cuerpo al mío y me besó cálida y sensualmente en los labios. Su cuerpo estaba empapado en sudor. Tomó mi mano y la puso sobre su pecho. Su corazón todavía latía a mil por hora del ejercicio.

Te estaba esperando para ducharnos juntos -dijo.

Lo estoy deseando -contesté.

Mientras con sus manos me quitaba la americana y deshacía el nudo de mi corbata, yo hacía lo mismo con ella. Le quité la sudadera del chandal dejando a la vista sus pechos menudos y apetecibles. Abrió mis pantalones y sonrió asombrada.

Me encanta tu colección de ropa interior, cada vez llevas unos más bonitos -dijo mientras con su mano acariciaba el bulto prominente que asomaba. Se acercó a mi oído y susurró: “me vas a dejar que me lo coma todo?”

Por supuesto –asentí. Estoy deseando sentirla en tu boca.

Me agaché para bajarle el pantalón y dejar al descubierto su culito respingón y sus larguísimos muslos atléticos y esbeltos. Mientras los acariciaba con mis manos, mi boca besaba y mordisqueaba su culo.

Estaba solo vestida con una minúscula braguita negra de algodón que resaltaba su belleza juvenil.

Tiró de mí para levantarme y me condujo hasta el cuarto de baño. Una vez allí mientras preparaba el baño, charlamos de nosotros, le conté toda la relación contigo y la peripecia de esa tarde. Ella escuchaba y reía de vez en cuando.

Qué cosas te pasan! – me decía.

Ya en la ducha, con el agua caliente corriendo voluptuosamente sobre nuestra piel, comenzamos a enjabonarnos el uno al otro hasta el último resquicio de nuestros cuerpos. Miramos mi polla, embelesados, como crecía entre sus manos, como dos niños que descubren un nuevo juguete.

Yo me recreaba acariciando su piel, suave, brillante y resbaladiza. Bajé mi mano hasta su sexo afeitadito y lo lavé delicadamente, pliegue a pliegue.

Ella se dio la vuelta y su culo apetecible apareció ante mí. Mis manos se deslizaban sobre sus cachas, entre sus muslos, por su rajita…

Acerqué mi cuerpo al suyo y puse mi miembro sobre la raja de su culo. Comencé a deslizarlo abajo y arriba al tiempo que mis manos acariciaban sus tiernas tetitas.

Ella pasó su mano por su espalda y sujetando mi polla la colocó entre sus piernas de forma que nuestros sexos se rozaban.

Volvió su cabeza, alcanzó mi boca con la suya y tras un prolongado y húmedo beso me dijo con ojos lujuriosos.,

Quiero que me folles hoy como si estuvieras follando a tu amiga.

Estas palabras sonaron como un potente afrodisíaco en mi mente. No podía esperar más. Salimos del baño y nos secamos rápida y malamente. Corrimos literalmente hacia la cama y en ese momento sonó mi móvil.

Eran las 00:10, lo cojo y leo “¿Dónde estás?”.

-Es ella –le digo a Simone bajando la voz como si nos oyeras. Tras unos segundos de duda Simone me dice:

Cógelo...

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