Full Swap, intercambio de parejas

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intercambio parejas

 

Un beso cálido en los labios fue nuestra despedida antes de separarnos para coger nuestros respectivos coches.
Si alguien se hubiese cruzado con nosotros en ese momento no vería más allá de dos parejas despidiéndose tras una noche de copas y charla. No hubiese podido imaginarse lo qué acababa de suceder, lo que acabábamos de vivir.

Estábamos cansados. Había sido un día agotador para ambos en nuestros trabajos. Queríamos algo tranquilo, relajante, y pensamos en Fusión. Suele estar tranquilo y un bañito refrescante en la piscina nos parecía muy sugerente. La verdad fue que el baño nos desentumeció por completo quitándonos toda la tontería.

Al pasar al baño, junto a las taquillas, me fijé en una belleza morena de grandes ojos negros que estaba vistiéndose. Al verla me resultó una cara muy familiar. Muy familiar.

– Yo la conozco, yo la conozco -pensé, pero no la ubicaba en ese momento. Al salir cruzamos nuestras miradas, creo que a ella le pasaba lo mismo. Estuve toda la noche dándole vueltas. Ya me acordaría.

Nos fuimos a la zona del fondo tras las mosquiteras. A un lado dos parejas gemían entrelazadas. Nosotros nos tumbamos enfrente, una zona libre para nosotros solos. Nos dedicamos a mirarnos, acariciarnos, susurrarnos, besarnos, lamernos, absorbernos, bebernos y poseernos con toda la dulzura del mundo.

Apenas nos dimos cuenta que, frente a nosotros, las parejas se despedían y separaban. Los que quedaban decidieron pasarse a nuestro lado.

-Hola. Hemos visto que había fiesta por aquí y queremos unirnos a vosotros.
-Por supuesto. Hay sitio de sobra.

Pronto nos vimos envueltos en un mar de dedos, bocas, caricias y deseo. Me gustó verte detrás de ella, tu pecho pegado a su espalda, acariciándola, besándola. Mis dedos se encontraban con los tuyos en su sexo. Tenías manos para todos, pues te vi acariciando mi miembro y el de él con ambas manos, a la vez, con destreza.

Los cuerpos de los cuatro se cruzaban, se entrelazaban buscando la caricia, el beso de la pareja contraria. Lentamente cambiamos las posiciones. Tu caíste en los brazos de él y os besabais con lujuria. Sus dedos exploraban tu sexo con maestría. Yo estaba de rodillas al lado de ella, ella también lo estaba. Mi cadera pegada a la suya. Su boca, suave y dulce, buscaba ávida la mía.

Mis manos recorrían su cuerpo firme, su piel suave y cálida. Sus pechos deliciosos. Saboree su cuello, sus duros pezones, su vientre liso, su culo firme. Mis dedos se acercaron a la humedad de su sexo. Allí me encontré con una hilera de perlas de su culotte. Se deslizaron por ella suavemente. Se encontraron con los de mi otra mano que también exploraban desde atrás.

Así permanecimos largo rato, en una caricia infinita. Ella dedicaba a mi sexo sus mejores y más delicadas caricias. Yo respondía de la misma manera. La penetraba con dos dedos desde atrás sintiendo el maravilloso tacto de su coñito jugoso, mientras los de la otra mano jugueteaban deslizándose y escurriéndose entre sus labios y su perla, la auténtica,  estaba en todo su esplendor.

En un descanso, charlamos un rato y pedimos otra copa. Nos contamos cosas y criticamos la música estridente que salía del altavoz sobre nuestras cabezas. Ella volvió a nuestro lado. Terminó de desnudarse frente a nosotros mostrando su cuerpo esplendoroso.

Volvimos a juntarnos con nuestras parejas respectivas. Los dos chicos nos tumbamos uno al lado del otro mientras vosotras os dedicabais a devorar ávidas nuestros miembros. Nosotros disfrutábamos, mirándoos totalmente entregadas a tan maravilloso regalo.

Él insinuó entonces un intercambio total. Tú dudaste, sería tu primera vez. Me miraste como buscando mi aprobación.

Trátamela con delicadeza, es muy frágil -le comenté.

Yo me vi al lado de ella nuevamente. Otra vez sentí sus caricias en mi sexo. Otra vez sentí la calidez del suyo en mis dedos. Nuestras bocas se fundieron, su lengua juguetona buscaba la mía.

Se inclinó hacia adelante, recogió algo y puso un preservativo en mi mano, en una manera sutil de indicar que la poseyera. Tú estabas ya siendo poseída por él. Tus gemidos me enervaron. Me puse tras ella y entré en su deliciosa rajita. Comencé a follarla extasiado por la visón de su maravilloso culo. Pronto sentí los movimientos de su musculatura vaginal oprimiendo mi miembro. Qué deliciosa sensación.

Tiré de sus brazos, atrayéndola hacia mí. Busqué su boca con la mía mientras apresaba sus pechos entre mis manos. Ella de vez en cuando azotaba las nalgas de él, como queriendo espolearlo. Yo te veía gozando entre sus brazos ajena a lo que sucedía a tu alrededor.

No pude evitarlo. Era superior a mis fuerzas. No quería quedarme sin saborear su delicioso coñito. Le indiqué que se diera la vuelta y comencé a besarla. Fui bajando, dibujando su piel con mi boca. Me entretuve en sus pechos, su vientre, sus caderas. Bajé hasta sus muslos firmes. Subí de nuevo hacia mi anhelado destino.

Ella interpuso su mano entre mi boca y su sexo. Yo me retiré dándome por enterado.

Me dediqué de nuevo a besar y acariciar su vientre y sus muslos. En un descuido robé un beso de su sexo. Esta vez nada se interpuso. Mi boca comenzó a saborear uno de los sexos más maravillosos que haya probado nunca.

Me entregué por completo y con los cinco sentidos a darle el mayor de los placeres. Mis labios succionaban y besaban, mi lengua lamía, mis dedos acariciaban. Yo intentaba escuchar su cuerpo y sus reacciones bajo la atronadora música sobre nuestras cabezas.

Su mano tomó mis dedos introduciéndolos en su vagina. Busqué su punto G y comencé a masajearlo. Mi lengua se volvió más vibrante, más directa. Mis labios succionaban más y más. Poco a poco comencé a sentir la tensión de sus músculos. Sus manos se aferraban a mi cabeza. Sus gemidos se escuchaban ahora sobre la música. De pronto se produjo el estallido.

Largo, espasmódico, delicioso.

Me quedé muy quieto, sin mover mis dedos apresados dentro de su sexo. Mi boca inmóvil. Mi cara sobre su pubis, entre sus muslos. Así permanecimos un tiempo. Sintiendo su cuerpo, su respiración.
Lentamente me fui separando, me dediqué un instante a soplar delicadamente sobre su vulva. Vi reflejado en su cara que le resultaba placentero.

Repté hasta ponerme a su altura y permanecimos abrazados, acariciándonos y besándonos mientras charlábamos. No nos habíamos dado cuenta que tú y él estabais detrás de nosotros, apoyados en la barandilla contemplándonos y comentando sobre nosotros. Ella propuso un baño en la piscina.

Allí nos refrescamos, jugueteamos otro tanto, reímos, charlamos. Todo con mucha más intimidad. Él y yo nos sentamos en el borde. Tú y ella os dedicasteis de nuevo a acariciarnos y saborearnos. Otra vez nos teníais a punto. Los cuatro nos dedicábamos a mirar en una actitud totalmente voyeur.

Pero ya era la hora de irse. Se había hecho tarde. La noche había pasado volando. Al salir del agua, ella se agachó delante de mí a recoger sus cosas. Yo, todavía erecto, tropecé con ella y mi sexo chocó con su culo. Dio un respingo.

-Upsss, se me ha caído el jabón –bromeé y entre risas nos dirigimos a las duchas.

Ya fuera, nos despedimos. Todos teníamos la impresión de que había sido una grata experiencia y que posiblemente se repetiría. Tal vez….

Ah, por fin me acuerdo de quién era la morena de los vestuarios. Una vecina de la sierra, y juraría no haber visto a su marido. Creo que me espera un verano tórrido

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