Intercambio Cultural

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intercambio sexual

Ella era como la protagonista de Como agua para el chocolate. El era uno de Los detectives salvajes de Roberto Bolaño. Los dos compañeros de Arquitectura en México DF y de intercambio cultural en Madrid por unos meses. De verbo dicharachero, como buenos mexicanos, pronto me vi con ellos en el jacuzzi. Ella un poco más tímida remojaba sus tobillos en el agua sentada al borde con su cuerpo envuelto en una toalla.

Pronto a nosotros se añadió otro chico. Un granadino de paso en la ciudad por trabajo. Charlando, charlando ella se sintió tan cómoda que decidió despojarse de la toalla y meterse en el agua. Mientras lo hacía sus ojos negros se clavaron en los míos que recorrían indisimuladamente su cuerpo sumergiéndose lentamente.

Los tenía a los tres frente a mí. Mientras continuábamos la charla me dediqué a acariciar y masajear los pies de ella, que se dejaba hacer gustosa. Pronto fueron algo más que los pies. Sus piernas y sus muslos también estaban deseosas de caricias a tenor de como los dejaba a mi merced. Mientras, ella se había cogido de la mano de su compañero y comenzó a acariciar el pecho del granadino, que estaba pegado a su lado.

A todo esto, no parábamos de hablar en ningún momento en una amena y distendida charla. Tanto que, sin darme cuenta, ya me encontraba entre los muslos de Laura, así se llamaba, acariciando su cuerpo y acercando mi boca a la suya. Comencé a besarla delicadamente mientras mi cuerpo acariciaba el suyo aprovechando el vaivén del agua.

Eres un seductor -susurró sonriente-. Me encantaría seducirte si me dejas -respondí.

De repente, apareció un torbellino de mujer. Una brasileña  que se unió a nuestro grupo. La atmósfera calmada desapareció al momento. Tras las presentaciones, se convirtió al instante en el centro de atención de los otros chicos.

Yo me senté al lado de mi seducida amiga. Mientras contemplábamos las maniobras de los tres, nosotros nos acariciábamos mutuamente. La brasileña quería ver a los chicos en acción, y así se lo dijo. Entonces, ellos comenzaron a acariciarse.

Rápidamente, los dos chicos estuvieron convertidos en un mar de brazos entrecruzados y manos acariciando sexos. La luz azul iluminaba sensualmente sus cuerpos.

Nosotros permanecíamos absortos contemplándolos. La brasileña, más lanzada, masturbándose y jaleándonos. Mi amiga, más tímida, callada, con los ojos como platos y los brazos cruzados sobre su pecho. Yo, observando la sensual escena.

Al rato decidimos salir del jacuzzi y pasar a la sala contigua. Una vez allí, cada uno comenzó a tomar posiciones. La brasileña atrajo hacia si a mi amiga. Ambas, arrodilladas sobre el tatami, se fundieron en un húmedo beso. Mientras, los chicos hacían lo mismo al otro lado. Yo me decanté por las chicas. Me acerqué a ellas y uní mi lengua a las suyas.

Mis manos recorrieron sus cuerpos y, al llegar a sus sexos jugosos, se toparon con sus dedos que buscaban y encontraban. La brasileña se tumbó atrayendo hacia sí a mi amiga. Yo me dediqué a su espalda y, a medida que ella bajaba por el cuerpo de la espídica clitoridiana, yo también bajaba por el suyo hasta llegar a su culo.

En aquellos dos glúteos firmes y prominentes me recree. La brasileña multiorgásmica pronto alcanzó el primero. Se apartó de nosotros y se fue hacia los chicos. Mientras, nosotros nos recostamos contemplando a los otros mientras charlábamos.

Estoy flipando -decía ella.

¿Nunca habías visto nada así? -pregunté.

Si me viera ahora mi novia –contestó ella mientras negaba con la cabeza.

¿Tú novio? -pregunté, pues la música tan alta me pareció entender novia.

No, mi novia. Está en el Df –respondió. Mis ojos se abrieron con sorpresa mayúscula. Con unas cuantas preguntas más me enteré que nunca había estado con un hombre.

Por eso te pido por favor que no me penetres -concluyó.

No haremos nada que tú no quieras o que te haga sentir incómoda -añadí, y de nuevo nos dedicamos a nuestros juegos de caricias, besos y ternuras.

Poco a poco, perdiendo parte de su timidez en parte debido a su excitación, comenzó a juguetear con mi sexo, a mirarlo con curiosidad, a acariciarlo mientras estudiaba sus reacciones como una niña curiosa.

¿Quieres saborearlo?– pregunté. Mis palabras fueron la invitación que esperaba para acercar sus labios  y hacer desaparecer mi glande entre ellos. ¡Qué delicadeza! ¡Qué pasión y empeño puso en ello!

Para ser la primera vez, lo haces delicioso -comenté agradecido. Ella estaba reclinada contra la pared y yo a horcajadas sobre ella. Así se lanzó a devorarme golosamente mientras yo tenía su sexo húmedo al alcance de mis dedos.

Permanecimos así un rato hasta que, de pronto, apareció un macho alfa como salido de la nada. Al otro lado del tatami, comenzó otra revolución. El macho se folló en un santiamén a la brasileña y a uno de los dos chicos. Recuerdo que el mexicano gritaba como poseído. Cuando acabó con ellos, se lanzó a por Laura.

Hundió su cara entre sus piernas y comenzó a devorarla como un náufrago sediento. Unos instantes después hizo ademán de querer follarla pero ella de nuevo suplicó –No me penetres, por favor.

El macho alfa reaccionó a tiempo. Se dio media vuelta y buscó de nuevo a la brasileña. La atrajo hacia así y se vinieron los dos a nuestro lado, de pie. Levantó su pierna hacia su hombro y comenzó a penetrarla con sus manazas aferradas a su culo. Nosotros estábamos en primerísima fila. Y tanto que primerísima fila, como que estaban a apenas veinte centímetros de nuestras cabezas.

Ahora me explico porqué gritaba tu amigo -dije entre sonrisas.

Desde esa distancia su falo se veía más descomunal de lo que por sí ya era. Mi amiga contemplaba absorta la escena. Me encantaban sus miradas entre inocentes y excitadas.

El portento alfa desapareció como había aparecido dejando tras de sí las víctimas de su ataque masivo. La brasileña y los dos chicos  se tumbaron entrelazados entre caricias para descansar. Nosotros volvimos a enredar nuestros cuerpos, más excitados que antes tras la visión de la escena. Nuevamente, me perdí entre sus muslos. Nuevamente me embriagué de su maravilloso aroma. Nuevamente se retorció entre gemidos y temblores.

Tras un breve descanso la brasileña se acercó a nosotros reptando. Mientras lamía el coñito Laura, indagaba.

¿Y vosotros? ¿Habéis disfrutado? ¿Te has corrido? -preguntó a ella.

Yo sí, él me parece que no -contestó mientras me señalaba.

No te preocupes, eso lo solucionamos nosotras -sonrió.

Al instante sentí sus bocas enloqueciéndome. Entre salivas, lenguas, labios, dedos. No podía parar de contemplar su lucha por tenerme en sus bocas. Primero la una, luego la otra. Desaforadas, hambrientas, golosas.

El granadino se acercó y se unió al grupo. La brasileña nos engulló a los dos a la vez. La mexicana no quiso ser menos y también. Nuestras pollas brincaban de boca a boca, mientras sus manos nos ordeñaban febrilmente.

Pronto el granadino empezó a gemir a punto para el orgasmo. La brasileña abrió bien su boca con su lengua esperando recibirlo. Nosotros nos paramos un rato contemplando la escena. El semen brotaba a borbotones y caía por la barbilla de la chica que lo recibía encantada.

Mi amiga seguía masturbándome mientras, yo al ver la escena y como por contagio, sentí en mis riñones un empuje fiero y desbordante.

Me corro! -grité mientras reculaba, pero Laura me buscó con su boca que, aunque entrecerrada, recibió toda mi descarga en sus labios.

Entre sorprendida, curiosa y excitada pude ver que movía sus labios como probándome.

-¿Te gusta? -susurre travieso acercando mis labios a su oído.

-Sí. Es extraño, es dulce, es intenso, es excitante -respondió y reímos mientras caímos abrazados.

Tras un descanso nos fuimos todos a las duchas y a vestirnos entre risas y comentarios sobre lo ocurrido.

Al salir nos despedimos todos intercambiando mails. En un aparte, Laura y yo nos abrazamos y con un beso intenso de despedida. Nos dimos las gracias mutuamente por la intensa y maravillosa noche que acabábamos de vivir.

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