Fue en un lugar del Sur

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fue en un lugar del sur - relatos eroticos

Fue en un lugar del Sur donde quedamos. En una tarde donde la primavera asomaba. El olor a olivo inundaba sensualmente la atmósfera. Al llegar, me esperaba asomada al balcón en una imagen muy almodovariana. Aparqué volando y subí raudo las escaleras. Ella, recostada en el quicio de la puerta, estaba sonriente, insinuante.

-Hola feo -dijo. Me acerqué a ella, nos abrazamos, nos besamos. Casi ni tuvimos tiempo de cerrar la puerta. Tanto deseo acumulado, tantos orgasmos telefónicos. Queríamos sentirnos en vivo, piel contra piel. Su boca en la mía. Y ahí estábamos. En medio del salón de su casa, buscándonos, encontrándonos, desnudándonos. Escrutando con deseo sus chispeantes y sonrientes ojos.

Fue en un lugar del Sur donde, por fin, tuve su cuerpo desnudo entre mis brazos. Sus pechos suaves, sus pezones erizados bajo mis caricias y mis besos. Su imponente culo tan anhelado. Apenas sin preámbulos me tomó entre sus labios. Su boca golosa me succionaba recreándose. Literalmente me engullía por entero. Qué profundidad de garganta! Con qué ansias me devoraba!

Fue en un lugar del Sur donde yo también en el mismo sofá quise comérmela por entero. Probé toda su cálida piel. Su sabor me enervaba más y más. Mi boca quería explorar y descubrir cada rincón de su cuerpo desconocido aún para mi. Su primer orgasmo no tardó en llegar. El mío siguió después. Ella no quería dejar de lamerme, chuparme, devorarme hasta obtener su recompensa. Pronto me derramé en su boca anhelante de mí. Se relamió glotona.

-¡Sí que estás dulce niño! -dijo, mirándome golosa mientras pasaba su lengua por sus labios recogiendo las últimas gotas.

Fue en un lugar del Sur donde pasamos la tarde recorriendo cada lugar del salón. De un sofá a la mesa camilla, de ésta a la mesa del comedor donde se tumbó a lo largo con su cabeza colgando fuera para poder estar a la altura exacta de saborearme de nuevo. De ahí al otro sofá donde se sentó sobre mí y por primera vez me sintió dentro y yo me sentí en ella.

Fue en un lugar del Sur donde nuestra pasión se desató desbocada, ansiosos por disfrutar por unas horas el uno del otro. Exprimiendo cada segundo como si nos fuera la vida en ello. De nuevo, tomamos la mesa de comedor como escenario perfecto de nuestras contorsiones sensuales. Nuestros cuerpos sudorosos brillaban en la penumbra del atardecer enrojecidos por su luz y la excitación.

Fue en un lugar del Sur donde felices y más compenetrados descansamos relajados, y tras una ducha refrescante, de nuevo llena de caricias, besos y juegos, nos arreglamos para salir a cenar. Mi amiga dirigió su coche a las afueras del pueblo. Pronto las calles desaparecieron y tomamos un camino que subía serpenteante un monte cubierto de olivos.

Fue en un lugar del Sur donde llegamos a un alto con una pequeña ermita y, al lado, un coqueto y recóndito restaurante donde cenamos, bebimos, charlamos, reímos e hicimos el amor con la mirada conociéndonos y reconociéndonos más y más. A nuestro lado cenaba una pareja de maduros elegantes y atractivos. Ella una morenaza andaluza de larga melena negra, él con la belleza de la madurez. Mi amiga y yo nos miramos, un reflejo de locuras pensadas al unísono nos hizo estallar en una carcajada. Pero no, ese día era de los dos. Necesitábamos todo el tiempo para nosotros.

Fue en un lugar del Sur donde tras salir del restaurante nuestros juegos comenzaron de nuevo de camino al coche y una vez dentro de él de camino al pueblo de nuevo. La noche era perfecta, mágica. Nuestro deseo también, tanto que paramos el coche antes de las primeras casas y mi amiga se lanzó a devorar su postre preferido.

Fue en un lugar del Sur donde al llegar al portal nuestro deseo se desbordó, de tal manera, que allí mismo en la penumbra nos poseímos con fiereza. Ella estaba muy perra, yo estaba muy burro. En un momento de instintos animales perdimos la noción del tiempo y del espacio sin prestar la mímima atención a si entraba o nos oía alguien.

Fue en lugar del Sur donde de nuevo en su casa me llevó a su habitación, cuyas paredes conocía bien de las fotos y vídeos pícaros recibidos. Apenas en ropa interior nos lanzamos desenfrenadamente a una lucha de caricias, manos, piel deseosa y labios temblorosos. Pronto me vi atado a la cama y con los ojos vendados.

Fue en un lugar del Sur donde oí el descorche de una botella de champán y el burbujeo de su espuma en la copa. Noté el frío intenso del líquido cosquillear en mi sexo y sobre mi torso. Detrás, venían sus labios cálidos y suaves saboreándome. Al rato sentí en mis labios su pezón bañado en nata y chocolate.

Fue en un lugar del Sur donde nos entregamos a degustar los postres servidos en los mejores platos nunca imaginados. Con la lengua y nuestros dedos recorríamos hasta el último rincón recogiendo hasta las últimas y más deliciosas miguitas.

Fue en un lugar del Sur donde la habitación se llenó de sexo en estado puro. Fantasía, placer desbordante, éxtasis extenuantes. Catarata de emociones y sensaciones. Mezcla de aromas y fluidos que nos enervaban todavía más en un deseo imparable.

Fue en un lugar del Sur donde caímos dormidos la una en brazos del otro, rendidos, felices, más cómplices, más unidos en el más delicioso de los sueños. Estaba amaneciendo cuando nos despertamos con el canto de los pájaros. Totalmente recuperados pese al poco tiempo transcurrido.

Fue en un lugar del Sur donde nos desperezamos entre besos, caricias de cuerpos entrelazados que se despiertan de nuevo deseosos de repetir lo vivido, perfectamente grabado en nuestra piel y que nos viene inmediatamente a la memoria al aspirar el aroma de uno en la piel del otro.

Fue en un lugar del Sur donde nos poseímos de nuevo con la frescura del amor de la mañana. La luz del sol en la ventana nos ofrecía otro aspecto de nosotros, más vivo, más deseable incluso, más provocador. Era ya cerca del mediodía cuando decidimos levantarnos a recuperar fuerzas. Tras un reconfortante desayuno-almuerzo llegó la hora de la despedida.

Fue en un lugar camino desde el Sur donde las curvas de Despeñaperros me recordaban a sus curvas. Todo el viaje de vuelta reviví cada instante de nuestro encuentro y deseando que volaran los días para poder estar nuevamente juntos.

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