En Un Bar

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Este relato se lo envié a una amiga que tiene fantasías parecidas sobre bares. Le gustó pero le pareció muy masculino. Demasiada escena lésbica, dijo. Me propuso cambiarla y que porqué en lugar de amazonas no me imaginaba amazones. Me dije, porqué no? Y me puse manos a la obra.

Aquí va la primera versión, la “masculina”.

He soñado con un bar. Entramos. Hay poca gente. La luz es tenue, acogedora. la música agradable, un chill out envolvente. En la barra un camarero ocupado en su trabajo no presta atención a nuestra entrada. En la esquina de la barra un chico moreno, atlético charla animadamente con dos chicas también morenas. Los tres están cogidos de la cintura, muy juntos. Intercambian miradas cómplices, ríen, se acarician. Se besan con cierta picardía en la oreja, en el cuello.

En el centro de la barra otras dos chicas,, una rubia de pelo rizado y la otra morena de pelo corto, observan las evoluciones del trío del fondo y comentan de vez en cuando con una sonrisa entre nerviosa y excitada. Nosotros nos acercamos a la barra entre los dos grupos. Yo doy la espalda al trío y tu a las dos chicas de forma que cada uno queda frente al grupo contrario.
No nos fijamos más en ellos, enfrascados en nuestra conversación, cuando de pronto te acercas a mi oído y me comentas: -Las chicas de detrás de tí no se cortan un pelo, le están metiendo mano descaradamente al chico, claro que él tampoco es manco. Yo levanto la mirada y en ese momento me doy cuenta que las otras dos chicas también están enfrascadas en lo mismo. -Vaya, parece que el ambiente se está caldeando por momentos, comento a la vez que hago un gesto con la cabeza.

Tu te giras y las ves. Las dos chicas se besan y acarician voluptuosamente a nuestro lado. Nos quedamos absortos unos instantes contemplando la bella escena. Ellas se dan cuenta de ello y te miran a su vez sin dejar de acariciarse, como lanzándote una invitación. Yo te digo: -Ve, dándote un ligero empujoncito que te obliga a dar un paso al frente hacia ellas y te sitúa a su alcance. Te reciben con una sonrisa abierta y sus manos comienzan a acariciar tu cuerpo.

Os observo a las tres extasiado. En apenas unos segundos ya estás semidesnuda. Tu camiseta ha volado, uno de tus pezones asoma por tu sujetador y la rubia se ha lanzado a devorarlo. La otra chica se ha agachado. Tus pantalones ya están a tus pies y la veo hundir su boca entre tus piernas. Tu me miras. El rubor asoma a tus mejillas. Tus ojos brillan de placer.

Tan absorto estaba que no me había dado cuenta de las evoluciones del otro trío. Las dos chicas agachadas luchaban por devorar el falo erecto del sensual moreno. Primero una, luego la otra. Ahora ambas a la vez subiendo por los lados hasta juntar sus labios al final.

La chica del pelo corto que devora tu coño alarga su brazo hacia mi y comienza a acariciar mi erección bajo la tela sin dejar su otra tarea de lado. Con mano hábil y precisa me libera de mi opresión y siento su caricia directa y sensual. Te veo enfrascada en un voraz beso con la chica rubia. Un arrebato de lenguas, labios y saliva que me hace enloquecer. La chica que me acaricia lo siente. Levanta la cabeza, me mira y acerca sus labios a mi sexo como queriendo aliviarme.

El alivio es inmediato. Su boca jugosa me transporta. Me lleva por la senda del placer loco. Me guía hacia ti y me introduce entre tus nalgas. Su boca acude de nuevo a ti y tu te sientes doblemente a gusto. Comenzamos un juego procaz y lascivo: Mientras yo estoy dentro de ti, su lengua te acaricia, cuando yo salgo es a mi a quién saborea. Los dos vamos sintiendo tus orgasmos profundos y cortos.

Al mismo tiempo, la chica rubia se ha subido a la barra. Se tumba en ella y abriendo sus piernas te ofrece su secreto. Tu lo aceptas golosa y te lanzas a saborearlo buscando el lugar donde nacen las estrellas.

El otro trío, como queriendo imitarnos, ha cambiado su posición. Una de las chicas sentada sobre la barra ofrece su vulva jugosa a la otra que a su vez recibe al chico ofreciéndole su culo respingón. Yo alargo mi brazo hacia ellas para acariciar su piel caliente. Mis caricias son bien recibidas y correspondidas por igual. Me inclino lo suficiente para juntar mi boca con la que está sentada en la barra y devoro su lengua de fuego.

Ambos nos separamos de nuestros grupos. Le ayudo a descender de la barra. Su cuerpo sinuoso resbala sobre el mío al descender acariciándolo voluptuosamente. Levanto una de sus piernas mientras apoya su espalda en la barra y entro en ella con facilidad. El chico moreno mientras ya ha ido en tu busca. Tu le has citado con una de tus miradas provocadoras y el ha respondido al envite.

Sentada de espaldas a horcajadas sobre un taburete le ofreces tu redondo culo. Lo acaricias con lascivia ejerciendo una poderosa atracción sobre él. La chica que le acompañaba le guía. Acaricia tu sexo con su ariete y juega con él a entrar y a salir. Le divierte ver como desaparece y vuelve a aparecer brillante de tus jugos. A su vez juega con tus pezones ya duros como piedras. Tu buscas su boca. Pasas tu mano por su cuello atrayéndola hacia tí y disfrutas su sabor almibarado.

Las otras dos chicas se gozan a su antojo mientras esperan su turno para libar las mieles de estos dos incautos que han caído en las maravillosas redes de cinco amazonas que están dispuestas a gozar de sus cuerpos en total libertad.

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