De orgía con Nuria

Facebooktwittergoogle_plusrssyoutube

encuentros liberales entre parejas

Hace unos meses que Nuria y yo reanudamos nuestras escapadas y aventuras. La última orgía merece la pena recordarla. Fue todo improvisado.

Quedamos esa misma tarde en que pasaría a recogerme al salir de trabajar. La noche era primaveral. Una primera copa en el bar del Oscar  Room Mate. Risas, besos, caricias furtivas. Mil y un deseos acumulados. Estaba radiante, feliz, muy guapa.

Decidimos ir al Encuentros. Era viernes y seguro que estaba a tope. Así fue.

Tras pedir la copa en la barra pasamos dentro. Dimos una vuelta por el local. Todos los rincones estaban a tope. No había taquillas libres y el jacuzzi estaba a reventar. Yo me fijé en una mulatita que retozaba en él con su pareja. Ella también se fijó en nosotros con mirada interesada e interesante.

Nos adentramos en el cuarto oscuro. Estaba como el metro en hora punta. Hacía calor. La atmósfera estaba cargada de sensualidad. Los gemidos y susurros flotaban en el aire.

Nos hicimos hueco en una esquina y comenzamos a acariciarnos. Pronto nuestras ropas comenzaron a caer. Mientras nos besábamos, nuestras manos recorrían nuestros cuerpos buscando botones, cremalleras y cierres por soltar.  Al poco,  estábamos masturbándonos mutuamente rodeados de otras parejas que hacían lo mismo.

Las manos se intercambiaban de cuerpos. Tan pronto me acariciaban por la izquierda como yo acariciaba a la derecha o a Nuria le acariciaban desde atrás. Mis dedos se encontraban con otros dedos ajenos en los lugares más recónditos.  El aire estaba demasiado cargado y el calor y la excitación nos había dejado sudorosos.

Decidimos salir y ver si ya había alguna taquilla libre donde dejar nuestras ropas como así fue. Tras una ducha refrescante dimos otro garbeo. Viendo y siendo vistos y enseguida nos hicimos una composición de lugar.

Nos dirigimos a la habitación contigua al cuarto oscuro, que tiene dos grandes camas enfrentadas. En la de la derecha había un hueco. Una pareja descansaba en el rincón. Otra observaba sentados. Nos hicimos sitio entre ellas.

Nuria se tumbó y yo comencé a besarla. Recorrí su cuerpo con caricias y besos. Poco a poco fuí apartando su toalla hasta quedar desnuda completamente. Aparte ligeramente sus muslos y con mirada pícara hundí mi cara entre ellos.

Mientras tanto los chicos de ambas parejas de nuestro lado comenzaron a acariciarle los pechos. La cara de Nuria lo decía todo, se encontraba en la gloria realmente.  Cambiamos de postura y, entonces, me senté yo contra la pared, mientras ella me acariciaba con su mano experta.

Una de las parejas se fue, pero enseguida vino otra. Ella, morena con grandes ojos negros y menuda. El, alto, ligeramente desgarbado con melena rokera. Una pareja peculiar. Su ropa interior de cuero negro con accesorios metálicos, en un look muy heavy. Ella llevaba unos culottes en látex negro cerrados por delante por unos cordones en zig-zag.  Me moví un poco para hacerles hueco.

Mira, aquí nos dejan sitio -dijo ella. Gracias. Y se tumbó a mi lado, piel contra piel. Su chico de pie pronto estuvo entre sus labios. Yo en los de Nuria. Con mi mano izquierda me dispuse a acariciar los tiernos pechos de mi vecina de cama.

Ella reaccionó como en cadena acariciándole los suyos a Nuria.  Mi mano comenzó a bajar por el vientre de la hermosa muchacha morena, paseando por sus muslos, estudiando la forma de acceder a su escondido triángulo tras la maraña de cordones entrecruzados.

Al final decidí tomar la tangente: acariciando su pubis sobre la tela, masajeándolo circularmente, deslizando mis dedos sobre los surcos de su entrepierna y, finalmente, apartando la tela para acceder a la codiciada y húmeda raja. La chica alternaba sus caricias entre el cuerpo de Nuria y el mío. Nuria nos acariciaba a ambos a la vez.

Le indiqué que se sentase sobre mi miembro, a lo que ella accedió comenzando a cabalgarme.  Yo masajeaba ya el clítoris duro de la chica que comenzaba a gemir. Tomó mi mano con la suya para que ejerciera más presión con mis dedos en una sutil indicación de sus deseos. Mis dedos comenzaron a moverse con la presión exacta a la indicada por ella, cada vez más veloces al ritmo de su respiración. Pronto estalló en un orgasmo gimiente que aprisionó mi mano entre sus muslos. Mis dedos inmóviles ahora presionando sobre su clítoris sintiendo sus pálpitos agónicos.

Buscamos sitio entre la multitud. Al fondo divisé a la mulata del jacuzzi con su chico. Le hice una seña a Nuria y nos dirigimos hacia ellos. Colgamos nuestras toallas y Nuria comenzó a acariciarme poniéndome de nuevo a tono. Yo la acariciaba mientras nos besábamos jugosamente.

Con mi mano izquierda comencé a acariciar la espalda de la deliciosa mulata. La suave y delicada piel de sus hombros desnudos, bajando sobre la toalla, tanteando su redondo culo, siguiendo por sus firmes muslos y de nuevo volviendo a subir bajo su toalla. De la misma forma hice por delante, acariciando sus senos, su vientre, adivinando su pubis bajo la tela.

Nuria unió su mano a la mía en la búsqueda. Finalmente su toalla cayó a sus pies quedando totalmente desnuda a mi lado, cadera con cadera.  Ella se inclinó hacia adelante para dedicarse a comerle la polla a su chico y, entonces, Nuria se acuclilló para dedicarse a la misma faena conmigo.

Mi mano izquierda se deslizó por su culito tierno hasta colarse entre sus muslos. Me encontré con una deliciosa rajita totalmente empapapa. Mmmm. ¡Qué locura!

Mis dedos se volvieron locos deslizándose por sus pliegues y rincones con suavidad, extendiendo sus jugos por los hinchados labios. La chica se incorporó de nuevo. Mi mano derecha pudo, así, acariciar sus pechos adolescentes.

No pude evitar saborearlos, juguetear con mi lengua en sus pezones pequeños y duros. La mano siguió camino hacia su pubis hasta encontrarse con un maravilloso botón redondo, ancho y duro como un caparazón y me dediqué a acariciarla. Una mano por detrás y la otra por delante. Era todo dedos descubriendo su maravilloso y húmedo coño.

En eso sentí su mano sobre mi miembro duro. Comenzó a masturbarme con maestría y delicadeza. Estábamos muy pegados los cuatro, piel contra piel. Nuria acariciaba al chico y a la chica, yo a la chica y a Nuria y la chica a su chico y a mi.

Era una situación tan excitante que no pudiendo resistirlo más. Tomé a Nuria y la puse contra la pared con el culo en pompa penetrándola totalmente. Ella también estaba empapada.

Mi culo se rozaba con el de la mulata y mi mano se deslizaba entre sus muslos acariciándola. Cogí a Nuria por la cintura y la acerqué a la chica de forma que se pegara a ella desde atrás, rozándose mientras la follaba con fiereza.

Una vez sueltos, las chicas se pusieron frente a frente, dedicadas a besarse y abrazarse entre caricias. Yo cogí un pecho de cada una y me dediqué a juguetear con ellos, haciendo que se rozaran los pezones, metiéndomelos a la vez en la boca, acariciándolos con mi lengua, humedeciéndolos. Ellas continuaban masturbándonos a nosotros. Poco a poco nos fuimos separando. Nuria con el chico y yo con la hermosa mulata.

Mis manos, de nuevo, acariciaron su sexo y la suya sobre el mío acariciándome y volviéndome loco.  Ella puso su mano sobre la mía marcando el ritmo y la presión sobre su duro clítoris. Su cabeza recostada en mi hombro invitándome a besarla. Un beso cálido, lento, jugoso. Su tierna lengua rozando la mía levemente al principio.

Luego nos devoramos mutuamente mientras su cuerpo se tensaba cada vez más. Mi mano se movía frenética sobre su clítoris hasta que pequeños gemidos salieron de su boca. Sus rodillas comenzaron a temblar. Se agarró fuertemente a mi polla para evitar caerse en medio del orgasmo.

De repente, Nuria dijo que estaba sedienta, necesitaba beber con urgencia. Yo también, hacía demasiado calor allí dentro. Nos despedimos de nuestros amigos con un ahora volvemos, vamos a tomar algo, y salimos a la barra.

En la barra, comentamos la jugada mientras nos tomábamos la copa. Yo me entretenía acariciando suavemente el culo de Nuria, levantándole levemente su toalla hasta ir dejándolo al descubierto y expuesto a la vista de todos.

Varias parejas nos observaban con interés y cierto deseo. Decidimos ser ajenos a sus pretensiones de juego y volver a pasar. Al llegar al cuarto oscuro la mulatita y su pareja salían.

¿Os vais? -preguntamos.

Sí. Es tarde -respondieron.

Una pena. Esperamos volver a coincidir algún día -contesté.

El cuarto oscuro estaba vacío, ya se había ido mucha gente, serían cerca de las cinco de la mañana. Nos asomamos a la sala de al lado, una pareja dormitaba.

Cuando nos disponíamos a salir entró una pareja. Ella rubia, el cabello mojado, ojos azules rasgados de mirada lasciva. Totalmente desnuda, su cuerpo menudo pero escultural. Apenas me fijé en su pareja que venía detrás pues ella me miró fijamente, me tomó de la mano y me llevó a la cama de la izquierda directamente.

Sin darme tiempo a pensar me vi envuelto en un sueño. La maravillosa ninfa se había tumbado sobre mi y me cubría de besos y caricias. Piel desnuda sobre piel desnuda. Y qué piel. Suave como sólo las muy rubias poseen. Tras de mi oí: –Victoria fuck him. Era la voz de su acompañante que se encontraba sobre la pobre Nuria que intentaba zafarse des sus brusquedades.

Please, be gentle with her –le pedí.

Victoria me preguntó sobre Nuria, sobre nosotros. Fijándose en ella como si la viera por primera vez dijo:

Nuria, you’re so sweet.

Y deslizándose sobre mi consiguió reptar hasta situarse sobre ella, alcanzar su boca y besarla con lujuria sedienta. Nuria respondió a sus besos. Los dos chicos nos apartamos un poco dejándolas hacer y contemplando la maravillosa escena de sus cuerpos abrazados en una caricia total. Ambas se buscaban la una a la otra, en besos húmedos y sonoros de chasqueantes lenguas saltarinas.

Yo contemplaba a Nuria. Nunca la había visto tan radiante y sensual. El brillo de sus ojos, sus mejillas arreboladas, su sonrisa relajada. Estaba disfrutando como nunca de su nueva amiga en una orgía sin fin. Yo también quería disfrutar, no quería ser un mero convidado de piedra y me acerqué a acaricar y besar el cuerpo de Victoria, desde sus pequeños y dulces pechos hasta su deliciosa raja que devoré con dedicación.

Tanta que ni me di cuenta que un nuevo partenaire se había agregado a nuestro grupo. Un chico de una belleza exhultante. Cara simpática, labios muy sensuales y gruesos. Unos ojos verdes traviesos y unas simpáticas rastas cortitas.

Victoria empezó a devorar su delicioso miembro. La qué parecía ser su chica se asomó un instante. Una preciosa chica de veintipocos con algún que otro piercing en su cara. Cruzaron un par de palabras simplemente para saber donde estaban y si estaban bien. Ella desapareció de nuevo y nosotros seguimos a lo nuestro. Al instante siguiente Victoria se dedicaba por entero a besar a Nuria. Se entretenía en sus maravillosos  y redondos pechos, bajaba por su vientre hasta posar su boca sobre su coño y entregarse a comérselo golosa.

Mientras tanto, el chico de las rastas estaba penetrando a Victoria por detrás. Yo me incliné a besar a Nuria que me susurró al oído “¿Qué es esto?”

Todo eran sensaciones nuevas para ella y las disfrutaba como nunca había disfrutado.  De rodillas sobre la cama puse mi polla sobre los labios de Nuria que se dedicó a devorarla. Victoria se fue acercando hasta unir su boca con la de Nuria y ayudándola en su labor. Yo no perdía ni un detalle de la escena.

No se si fue mayor el placer físico que el visual de contemplarlas a las dos entregadas a lamerme con tal voracidad. Mi miembro resbalaba de la boca de una a la de la otra. Se deslizaba entre los labios de ambas en un delicioso vaivén. De vez en cuando salia disparado y ellas aprovechaban para besarse y relamerse.

Victoria se movió para hacerle un poco de caso a su acompañante que contemplaba la escena sentado,  recostado contra la pared. Mientras Nuria descansaba yo me acerqué al grupo. Así, Viky tenía las dos pollas al alcance de sus manos y de su boca. Yo me dediqué a masajear su culito mientras el otro chico continuaba follándola por detrás. Mientras, veía aquel maravilloso miembro desaparecer dentro de Victoria en una imagen de alto voltaje.

Todos comenzamos a desfallecer. La noche había sido larga. La orgía muy potente. Victoria propuso que nos fuéramos todos al jacuzzi como así hicimos.

Eramos los únicos en la sala. Serían cerca de las seis de la mañana, la hora de cierre del local. Allí nos relajamos un poco entre risas y roces. Vicky estaba empeñada en que yo besara a su chico, quería vernos en acción. Le dije que no, que no me atraía. Prefería con el otro chico. Esto último lo dije en voz alta para que me oyera el interesado. Levanté la vista pero no se había enterado. Estaba ocupado besando y abrazando a Nuria.  De pronto, se encendieron todas las luces y empezó a sonar la canción de los Lunnis.

Sí, ya era hora de irse a la cama, aunque Victoria nos tentó invitándonos a ir a su casa a dormir con ellos. Otra vez será…

Facebooktwittergoogle_plusmail

Comenta!

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *