El Sexo Oral que nos gusta

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Los hombres mucho hablamos de que las mujeres no expresan lo que les gusta sexualmente hablando y, así no aprendemos, pero nosotros tampoco nos quedamos cortos, incluso más diría yo.

Personalmente, a mi me gusta dar pautas a seguir, sin ser un charlas en exceso, que puede resultar hasta incómodo y terminar siendo contraproducente. Algún gesto, una palabra, un gemido aprobatorio en un cierto momento, pueden indicar el camino a seguir.

Una noche chateando con María me preguntó sobre sexo oral y le conté al detalle mi ideal de felación.

Me gusta que primero lo vayas descubriendo, como un nuevo juguete, curiosa. Observándolo, acariciándolo. Una primera fase visual y táctil. Sentir como voy creciendo entre tus dedos, es una sensación muy placentera, como me vas modelando y como disfrutas con tu labor.

No lo beses todavía. Sigue jugando con tus manos. Siente su calor aumentar en la palma de tu mano, su dureza. Observa los tonos violáceos que adquiere el glande. Con la otra mano, masajea mis testículos que se aprietan.

Sigue así. Continúa acariciándola. Humedece la yema de tus dedos con tu saliva y deslízalas con mucha suavidad sobre la brillante piel de mi glande. Muy suave, casi imperceptible. Este masaje es una locura, irresistible largo tiempo, sublime. Provoca que mis primeras gotitas transparentes de deseo asomen.

Ahora sí. Acerca tu lengua y recógelas, saboréalas, dulces, muy dulces. Me gusta ese primer contacto con tu lengua, inicio de algo muy íntimo. Me gusta cuando me miras de vez en cuando con ojos golosos y sonrisa pícara. Puedo leer en tus ojos el deseo y adivinar lo qué me espera.

Pegas mi miembro a mi abdomen y jugueteas con tus labios en mis testículos con besos jugosos, superficiales, cortos. Tus labios van subiendo apretándose sobre la caña, dejando un rastro de saliva a su paso.

 

Te vuelves a entretener masturbándome otro rato. Tu mano se desliza más suave ahora por tu saliva. Tu lengua me recorre de abajo a arriba, lenta, muy lentamente, hasta llegar al frenillo. Allí haces vibrar la lengua. Sientes como me vas volviendo loco. Me enervas cada vez más. Me miras de nuevo mientras te relames. Abres tu boca con sensualidad y me atrapas entre tus labios. Me gusta como me saboreas como si fuera la bola de un helado a punto de derretirse.

Así, sigue así. Empápame con tu saliva. Me encanta como me mojas para luego relamerte. Me vuelve loco esa caricia tan intensa e íntima con el interior de tus labios al deslizarlos y cómo te entregas a saborear todo el glande.

Ahora con tu lengua lo recorres dibujándolo. Su corona, su sombrero, son lugares tan electrizantes. Entre medias, pequeños besitos como pellizquitos extasiantes.

Yo te ofrezco de nuevo mi frenillo. Quiero que tu lengua se vuelva loca sobre el. Hazle vibrar llevándome hasta la locura. Siente como mi cuerpo se tensa cada vez más.

Engúlleme de nuevo mientras tus manos ordeñan mi miembro y mis testículos. Desliza tus labios húmedos sobre mí, cada vez con más roce, aumentando la velocidad según sientes crecer mi excitación.

Cuando me oigas rugir en el momento del orgasmo, aprieta bien la base unos breves instantes para retener las oleadas de semen que luego dejaras fluir al soltar la presión. Esa sensación es muy placentera. Cuando esté terminando de salir, puedes volver a mover tu mano o poseerla de nuevo entre tus labios para escurrir las últimas gotas de néctar.

 

La siguiente vez que nos vimos, María me hizo un regalazo. Me lo hizo tal cual se lo había contado. No se olvidó ni un detalle. Como si se lo hubiese estudiado. Fue perfecto.

No hay nada como la comunicación. En todos los órdenes de la vida y más en el sexo. Se puede comentar en una sesión de chat, o durante una cena sensual, o en una tórrida sesión telefónica. Todo ello ayuda a aumentar las expectativas, el deseo y la excitación.

 

 

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