El semental

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el semental, sexo en un picadero

 

Me atrevo a ponerlo después de darle muchas vueltas porque me han dicho que no era sucio, sino salvaje. Disfrutadlo

 

Te vi en el picadero.

Tu larga melena negra y ondulada al viento. Tus botas de montar estilizaban tus piernas. Tus muslos ceñidos por el pantalón subían hasta tu excitante grupa de amazona. Tu mano sujetaba fuertemente la cuerda atada al bocado del caballo. Le hacías dar vueltas en el círculo de calentamiento. La otra mano blandía la fusta con la que azuzabas al garañón que remoloneaba.

– Vamos cabrón!!! -dijiste con voz potente mientras me mirabas con tus lascivos ojos negros. Tus palabras provocaron en mi la misma reacción que en el caballo: me sentí azuzado. Un hormigueo subió desde mi vientre.

Ya en el campo de prácticas, nuestras monturas trotaban casi a la par. Tu manejabas las riendas con suma destreza. Tu perfil a horcajadas de la silla me enervaba. Te recreabas, te gustabas, y me lanzabas miradas traviesas de soslayo.

Trotando ya a tu altura te miré sonriente y te propuse un paseo por la arboleda. Aceptaste sin titubeos. Soltaste un grito a la vez que espoleabas al caballo que salió disparado a todo galope, casi sin darme tiempo a reaccionar.

Yo espolee al mío y comenzamos una carrera adentrándonos en la espesura. Nuestras monturas se adelantaban la una a la otra a cada paso.

Cada vez que quedábamos a la altura nos mirábamos el uno al otro. Miradas encendidas. Sonrisas excitantes. Deseo desbocado. Tiraste de las riendas en una zona más espesa y tu caballo se paró, y el mío a su lado.

Diste media vuelta hasta ponerte a mi lado. Tu mirada altiva me desnudaba y me poseía. Deslizaste la punta de tu fusta desde mi rodilla subiendo por mi muslo hasta mi entrepierna que al momento se abultó.

Yo tomé las riendas de tu caballo, acercándolo hasta pegarlo al mío. Mi mano libre se posó en tu rodilla y, sobre la ceñida tela blanca de tu pantalón, comenzó a subir por el cálido interior de tu muslo hasta alcanzar tu sexo y te inclinaste sobre mí, ofreciéndome tu boca, mientras tu mano se apoyaba en la dureza que sobresalía de mi pantalón.

-Vamos cabrón. Quiero que me folles -repetiste de nuevo la frase mágica y descendimos del caballo para follar como dos posesos contra un árbol.

-Quiero tu polla. Me encanta sentirla dentro de mí -exclamaste. Vamos, fóllame duro!

No parabas de espolearme como si fuera tu semental. Mi miembro, totalmente duro, bombeaba en tu coñito chorreante. La visión de tu culo redondo y brillante y mi polla entrando entre los glúteos me enervaba aún más.

-Fóllale el culo a esa zorra. Lo está deseando.

Al oír la voz a mi espalda di un respingo. Una morena con ojos perversos se acercó a ti y te dio un morreo, metiéndote la lengua hasta la garganta.

-Esta es mi amiga Clara. Es más puta que yo. Le encanta follarse todo lo que encuentra.

-Y me he encontrado a vosotros. Os vi salir desde el picadero y me dije: La Carla no se folla sola a ese tío. Y aquí me tenéis.

Mientras hablaba humedeció sus dedos en saliva y se dedicó a masajear tu culo con mucha destreza. Descarada dejó caer un chorro de saliva que cayó directamente en tu ano. Se agachó y hundió su larga lengua hasta el fondo.

-¿A que tiene un buen culo esta zorra? A mí me encanta comérselo. ¿Quieres follárselo? Vamos ven aquí –me dijo desafiante.

Sacó mi polla de tu coñito y se dedicó a lamerla y chuparla como poseída, mientras, sus dedos follaban rabiosamente tu culo.

Las mujeres me asustáis a veces cuando llegáis a ese grado de perversión. Os desatáis de una manera que nos quedamos pequeños a vuestra altura.

Totalmente empapado en saliva me dirigió a tu culito y te penetró con mi polla.

-Eso es tío, clavásela bien hasta el fondo que le encanta. Joder, me estoy poniendo muy cachonda. Luego yo quiero probarla -diciendo esto se acuclilló debajo tuya y comenzó a comerte el coño.

Yo veía su lengua desde arriba entrar juguetona entre tus pliegues. De vez en cuando sacaba mi polla de tu culo y se entregaba a chuparla y a estrujarla. Yo me estaba poniendo a mil por momentos. Me sentía un semental en vuestras manos.

-Ahora me toca a mí -exclamó totalmente encelada.

Te apartó y me obligó a tumbarme. Tirando de mi verga, se sentó a horcajadas sobre mi dándome la espalda. Yo tenía una visión brutal de mi polla abriendo sus labios, uno de ellos perforado por un piecing, y siendo follada por ella, que cabalgaba sobre mí a todo galope. Mientras tú azotabas sus nalgas azuzándola más.

-Vamos putita, fóllatelo. ¡Cómo te gusta su polla! Qué zorrón es mi amiga. ¿Has visto su piercing? ¿Te gusta? ¿Sabes lo que significa? Que la muy guarra se ha ido a un Tattoo Center, se ha bajado las bragas, se ha abierto de piernas delante del tío de los tatuajes y se ha dejado perforar el coño por él. ¿Qué te parece la tía zorra?

Se la sacastey te entregaste a lamernos a los dos con lujuria. Como si intentaras saciar tu sed ardiente. Clara también se lanzó a por mí. Entre las dos me devorabais sin compasión, y os devorabais mutuamente las bocas, intentando arrebataros mis sabores la una a la otra.

-¿Te vas a correr tío? Vamos, córrete. Queremos tu leche sino se la tendremos que sacar al caballo.

Vuestras palabras fueron órdenes para mí. Chorros de semen salían a borbotones de mi falo inundando vuestras bocas. Vosotros la dirigíais repartiéndola bien y sin desperdiciar ni una gota.

Luego os pusisteis a guarrear con mi leche.

-Joder, sois la leche. Nunca había visto a dos tías tan guarras y perversas como vosotras.

-¿Te ha gustado follarnos cabrón, eh? A nosotras también, nos lo hemos pasado en grande. Eres un buen semental -dijisteis mientras continuabais pasando mi leche de lengua a lengua.

De vuelta en el picadero nos separamos cada uno por su lado. Nadie podía imaginar lo que acababa de suceder en la arboleda…

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