El boy

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streaper masculino, el boy

 

Tenía yo 27 tacos, ganas de ganar dinero y se me ocurrió ponerme en contacto con una agencia de chicos. Quedé con el dueño para una entrevista, charlamos, me preguntó por qué no me dedicaba a los hombres, que había más trabajo. Le dije que no que no me interesaban, que no estaba tan necesitado.

Me hizo desnudarme y masturbarme. Le convencí totalmente y me puso el primero de la lista. Me comentó que las principales clientas eran señoras extranjeras y despedidas de soltera en chalets de la sierra donde íbamos varios chicos y chicas de otra agencia, hacíamos un show en directo y luego negociaríamos allí si querían algo más con la novia, o alguna en particular, o todos en conjunto.

El sábado siguiente me llamó para una despedida en Las Rozas. Íbamos una chica, otro chico y yo, teníamos que pasar por el local para que nos diera las señas , recoger preservativos que siempre nos proveía y conocer a los otros chicos. Allí me presenté a las once de la noche pensando en dónde me había metido, qué pintaba yo en todo eso, si no daría la talla, si me iba a poner nervioso, pero, cuando vi al otro chico, Diego, me subió la moral, no era para tirar cohetes, un tío normal, un poco cachas pero nada del otro mundo. Yo, modestamente, le daba mil vueltas.

Vicky, la chica, terminó de animarme. Era argentina, muy guapa de cara, con su pelo caoba, muy risueña y habladora y, aunque menuda, tenía un cuerpo de escándalo. En seguida congeniamos, comenzó a piropearme, a darme ánimos y prometió ayudarme en todo en mi primera vez. Yo no paraba de pensar que, en apenas unas horas, estaríamos desnudos follando como locos delante de unas chicas, lo cual me provocaba una mezcla de morbo y nerviosismo muy agradable.

En el coche comenzó a explicarme con total naturalidad, Diego ya había hecho más sesiones con ella, que es lo que íbamos a hacer: a ritmo de Joe Cocker en Nueve semanas y media, comenzaría un striptease entre nosotros dos a la vez que nos iría desnudando y tocando lentamente mientras nosotros acariciábamos su cuerpo.

Insistió mucho en que mirásemos a las chicas a los ojos mientras lo hacíamos, como si fuera a ellas, que eso las ponía muy cachondas. Luego ella iría tomando la iniciativa, improvisando según como nos fuéramos excitando. Puedo jurar que ya estaba totalmente excitado en el coche. Me advirtió, además, que estuviera muy pendiente de sus gestos e indicaciones al oído.

Por fin llegamos al chalet. Mis piernas comenzaron a temblar sin poder remediarlo. Vicky me cogió de la mano. Dentro nos esperaban seis chicas más nerviosas que yo. Las presentaciones las hizo la dueña de la casa, una morenaza de quitar el hipo. Esta sí que tenía mucha sangre fría y una mirada que te desnudaba.

Nos presentó a la homenajeada, una chica menudita, muy risueña y cortada. Las otras chicas también eran muy majas, se mantenían en un segundo plano, cuchicheaban y se reían entre ellas.

Nos invitaron a una copa, charlamos un rato de trivialidades y, por fin, nos dedicamos a lo nuestro. Todo marchaba según lo previsto, comenzamos el striptease. La verdad es que nos quedó bastante bien para no haber ensayado. Yo copiaba en todo a mi compañero.

Poco a poco nuestras ropas fueron desapareciendo. La poca luz del salón daba un toque de sensualidad sobre nuestros cuerpos. Al final de la canción, quedamos los dos de pie en ropa interior y Vicky de rodillas, en el suelo, con sus manos en nuestros sexos.

Las chicas aplaudieron y nos jalearon entre risas. La morena era la que más nos azuzaba

– ¡Vaya culos! Eso sí que son paquetes

Vicky comenzó a masturbarnos sobre la tela y yo fijé la vista en los ojos de la morena. La tía no me sacaba ojo de encima, parecía que era ella la que me estaba sobando la entrepierna. Entre su mirada lasciva y la mano de Vicky, mi cuerpo comenzó a reaccionar poderosamente. Vicky me miró y me guiñó un ojo sonriente.

-Daros la vuelta -susurró.

Le hicimos caso y ella se puso también frente a nosotros. Comenzó a bailar frente a cada uno de nosotros a la vez que nos bajaba el slip. Una vez quitado, se llevó nuestros miembros a la boca, primero uno y luego el otro. La pitada fue sonora.

-Daros la vuelta, ehhhh, queremos ver!

Los dos al unísono nos giramos con nuestras pollas totalmente tiesas apuntando a las chicas. La que no abría los ojos como platos, los cerraba y se tapaba con las manos. Pero, en seguida, todas estaban como hipnotizadas, sin pestañear, viendo como Vicky nos acariciaba de arriba abajo y nos chupaba con destreza.

Yo estaba cachondo como un semental, con una tía amorrada a mi polla y otras seis contemplando el espectáculo. Yo no podía retirar los ojos de la morena, su mirada me hipnotizaba, era como si sintiera sus labios sobre mí. Era una mirada que te follaba. No había sentido eso nunca.

Vicky paró de comérnosla y tirando de nuestras pollas nos llevó hasta las chicas.

-¿Alguna se anima? ¿La novia quiere probar? -dijo acercándolas a su cara y golpeándole las mejillas con ellas. La chica rehusó entre risas, como haciendo ascos.

-Vamos, ¡que se chupe, que se la chupe, que se la chupe! -cantaban sus amigas excitadas.

Ella escondía su cara colorada entre las manos diciendo que no, sus amigas insistían una y otra vez. Poco a poco, su resistencia iba desapareciendo hasta que, lenta y tímidamente, se atrevió a cogerlas en sus manos, unas manos dulces, suaves y cálidas que pusieron, nuevamente, en guardia nuestras herramientas.

Al final, conseguimos arrancarle un besito en la punta de nuestros capullos, un beso tierno y casto, si se puede considerar así un beso en esa parte.

Vicky comenzó a vacilar un poco con ella, que si ella se lo perdía, que era su última oportunidad de probar otras pollas, que se arrepentiría toda su vida. Con sus manos aferradas a nuestros sexos, se paseó por todo el grupo como ofreciendo un micrófono, a ver si alguna se animaba.

Yo estaba deseando que la morena de mis sueños se lanzara a por ella, pero no. Cuando me di cuenta estaba siendo succionado ferozmente por otra de las chicas, una rubita con muchas tetas en la que no me había fijado especialmente. ¡Joder con la niña! ¡Qué boca! No se cortaba un pelo, sus amigas y nosotros estábamos alucinando. Vicky le sacó mi polla de la boca y le introdujo la de Diego.

-Deja un poco para mí –dijo, y continuó ella en primer plano pegada a las caras de las chicas boquiabiertas.

De nuevo, nuestra compañera haciendo de maestra de ceremonias nos llevó hacia el centro del salón y se tumbó en la mesa baja.

– ¡Comedme! –nos ordenó. Diego se lanzó a por sus tetas y yo bajándole el tanga me entregué totalmente a su coñito sabroso. Dio la casualidad que, cada vez que levantaba la vista, me encontraba con los ojos de mi amiga, la morena, que no perdía detalle. Yo comencé a mirarla como dedicándole la comida a ella. Me propuse poner nerviosa con mis miradas a la mujer de mirada morbosa e inquietante.

Vicky se levantó y tumbó a Diego en la mesa. Tras ponerle un preservativo, se sentó sobre él y comenzó a cabalgarlo. Yo, de pie, acerqué mi polla a sus labios y me dejé hacer. Continuaba mirando con deseo a la chica de mis sueños como queriendo traspasar su boca lujuriosa.

-Esta no se me escapa -me dije a mí mismo.

Las chicas, excitadas, no perdían detalle de la escena que se desarrollaba a escasos palmos de ellas. La temperatura en el salón aumentaba por momentos. Sólo se oían nuestros jadeos y los gemidos de Vicky cada vez que saltaba sobre la polla de Diego.

Ahora era mi turno. Nuestra compañera se levantó, me tumbó en la mesa y con destreza me colocó un preservativo con la boca. De espaldas a mí se sentó sobre mi polla con sus piernas bien abiertas de frente a las chicas.

– ¿Alguna quiere ser la siguiente en ser follada? -dijo Diego paseándose rampante delante de ellas.

De nuevo las risas, las miradas, los empujones, todas lo deseaban pero ninguna se atrevía a dar el primer paso. Diego se acercó a la más atrevida que antes había jugueteado con nosotros y, tomándola de la mano, le ayudó a levantarse. Ella, remoloneando y haciéndose la sorprendida, se resistía sin fuerza entre risas. Diego tomó su mano y la llevó a su polla. No hizo falta insistir mucho, pues ella se aferró al instante al instrumento.

-¿Queréis ver cómo me follo a vuestra amiga? -dijo Diego mientras sus manos acariciaban sus tetas voluminosas y su trasero.

-Venga Elena, fóllatelo -gritó la morena. Aprovecha la ocasión -dijo entre risas. Elena, que así se llamaba, sin apenas darse cuenta por la excitación ya estaba casi desnuda. Diego había sacado una de sus tetas por encima del sujetador y la estaba saboreando en su boca. Le había bajado los vaqueros hasta media pierna y sus manos exploraban bajo sus braguitas.

Las chicas observaban absortas con envidia a su atrevida amiga que, ya perdido el pudor del primer momento, se había lanzado de lleno a la lujuria.

Diego la tenía de pie contra la chimenea follándola por detrás, mientras con sus manos masajeaba sus cimbreantes tetas. Elena no paraba de gemir excitada. Al observar la escena y azuzado por ella, agarré a Vicky por las nalgas y elevándole los muslos en el aire comencé a bombearla impetuosamente, digno de la mejor escena porno. Ella se recostó sobre mi pecho, su cabeza junto a la mía y me susurró al oído:

-Sigue así Pedro, que rico, me estás matando -mientras con sus dedos se masturbaba fieramente.

-Quiero darte por detrás -susurré mientras me escabullía. De pié los dos, me puse tras ella, entrando en su cuerpo con facilidad.

Agarré sus brazos llevando sus manos a mi culo donde clavó sus uñas para espolearme más. Así, en esta posición, podía contemplar a nuestas amigas, sus rostros presa de la excitación, sus miradas de deseo. Me concentré de nuevo en la morena, cada una de mis embestidas iba dedicada a ella. La estaba follando con la mirada.

Ella estaba sentada al borde del sofá de forma que sus amigas no podían advertir que había bajado una mano hacia su entrepierna y comenzado a acariciarse disimuladamente, mientras clavaba sus ojos inyectados en lujuria en mí.

-Me quiero follar a la morena, ayúdame -susurré en el oído de Vicky mientras le embestía con furia.

-Tranquilo, ya la tienes. Mírala, te come con los ojos. Está a punto de caramelo, mira como se toca.

Vicky tenía razón, la chica estaba totalmente absorta, sus piernas entreabiertas, su mano recorría su entrepierna sobre su vaquero. Me separé súbitamente de Vicky y me acerqué a ella con el arma cargada. La tomé de la mano levantándola del sofá. Con mi mano abarcando todo su culazo la atraje hacia mí y la bese golosamente en la boca.

Ella se pegó a mí como una lapa de tal forma que sus muslos aprisionaban mi polla y comenzó a moverse sensualmente, frotándose contra mí. Sus manos suaves y cálidas acariciaban mi espalda y bajaban hasta mi culo.

-¿Quieres que te desnude? -pregunté.

-Lo estoy deseando -susurró con ojos brillantes de deseo. Ven.

Me tomó de la mano y me sacó del salón escaleras arriba hasta llegar a un dormitorio. Una vez allí se abalanzó sobre mí y comenzó a besarme, mejor dicho a comerme. Sus manos recorrían todo mi cuerpo con avidez y desesperación.

-Quiero que me folles, quiero que me trates como una guarra. Soy tu puta. Destrózame, vamos, no tengas piedad. Hazme todas las guarradas que quieras. Fóllame como te follabas a tu amiga.

Mientras decía esto, se arrodilló y se apoderó de mi polla con su boca. Yo estaba fuera de mí, sus palabras resonaron en mi mente sacando el animal que hay en mí. La levanté de nuevo, arranqué su blusa haciendo saltar los botones. Le di la vuelta pegándome a ella por la espalda. Mientras mordía furiosamente su nuca, con mis manos soltaba sus pantalones y las deslizaba por dentro, sobre sus muslos comenzando a bajarlos.

Estábamos sudorosos y acalorados, jadeantes. Ya la tenía casi desnuda, solo sus braguitas realzaban su cuerpo elástico de niña bien.

La tiré de espaldas en la cama, con mi manaza agarré su braguita y se la arranqué de un tirón.

-Ya eres mía, zorra, te voy a hacer disfrutar de lo lindo, prepárate que te voy a follar como nunca lo han hecho esos niñatos con los que sales. No te vas a poder sentar en una semana.

Mientras decía esto levanté sus muslos y tiré de ella atrayéndola hacia mí. Abrí bien sus piernas y hundí mi boca en su coño, la tome fuertemente por la cintura y la levanté en volandas boca abajo.

Comencé a devorarla ferozmente. Ella se aferró a mis caderas para no resbalar y comenzó a lamer mi polla, en una posición de 69 de pie de lo más difícil, pero excitante. Sacando fuerzas de no sé donde, espoleado por la situación, le di la vuelta en el aire, todavía hoy no se cómo y me deslicé dentro de ella.

Comenzó a jadear como una perra en celo agarrada a mi cuello y mordiendo mi boca. Yo dejaba caer su culo sobre mi polla una y otra vez embistiéndola cada vez más profundamente.

-Te gusta que te follen así, guarrilla, te encanta que te empalen ¿a que sí? -le gruñí al oído.

-Si, clávamela bien al fondo. Joder como te siento, me encanta.

Mis piernas comenzaron a flaquear y la dejé caer sobre la cama. Agarré su cabeza y la llevé hacia mi polla.

-Vamos. Cómetela. Saboréala. Está llena de tus jugos. Déjala bien brillante. Así. Me gusta tu boca, sabes cómo usarla. Se nota que te has comido muchas pollas, ¿a que sí mi putita?

-Sí, dámela toda, quiero comermela, ummmmmmm. Me encanta como sabe.

-Vamos perrita, ponte a cuatro patas. Enséñame ese coñito jugoso, te lo voy a perforar -dije mientras me subía de pie sobre la cama y, doblando ligeramente las rodillas, me introduje de nuevo en su sexo salvaje.

Comencé a saltar brutalmente follándola sin descanso. Ella gritaba como una posesa agarrada a mis tobillos. Mis manos se clavaban sobre su grupa y cabalgaba ciegamente.

Mi amante se desplomó de bruces sobre la cama. Yo pegué mi cuerpo al suyo, cogí sus manos con las mías y separé sus brazos de su cuerpo sin parar de follarla, nuestros sexos eran puro fuego.

Me sentía totalmente dentro de ella, llegando hasta el final. Su vulva se cerraba sobre mí en un abrazo espasmódico. Su culo me empujaba hacia atrás como queriendo meterme más y más dentro de ella. Sus gritos se volvieron aullidos primero y luego gemidos de placer.

Cayó totalmente extenuada sobre las sábanas con la respiración entrecortada y sin aliento.

No sé el tiempo que estuvimos allí, pero los asaltos fueron continuos y brutales. Al final salimos de allí totalmente escocidos pero satisfechos y con un buen dinerito en el bolsillo. Claro que también lo hubiese hecho por placer.

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