La fotógrafa

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historias de sexo con fotografa

 

Para ilustrar la MasterClass de doble penetración, os dejo un relato sobre ello.

De vez en cuando te pasas por el estudio de tu amiga fotógrafa para charlar un rato y ver cómo trabaja. Hoy has ido. Ella estaba en plena sesión de fotos con dos modelos negros para una colección de bañadores.

No puedes evitar, mientras charlas con tu amiga, recorrer sus musculosos cuerpos brillantes de aceite con tu mirada, como si los acariciases. Sus brazos bien torneados, sus vientres lisos como tablas, sus glúteos poderosos bajo los minúsculos trajes de baño, sus paquetes prominentes escondiendo instrumentos de infinito placer.

Tu amiga nota tus miradas lúbricas sobre los esculturales cuerpos y se le ilumina una idea en la cabeza. Te propone posar con ellos con la excusa de que le ha fallado una modelo para los trajes de baño de chica. Te haces la remolona un poco, pero te animas en cuanto ves los bañadores y bikinis supersexys.

Te pones un bikini de tanga brasileña, muy provocativo, que realza tu escandalosa figura. Los dos morenos clavan sus ojos en ti en cuanto te ven, desnudándote con la mirada de la poca tela que llevabas encima.

La amiga-fotógrafa os da instrucciones para las poses. Quiere que te pongas entre los dos. Uno de ellos te sujeta por la cintura desde detrás, y el otro hace lo mismo frente a ti mientras adelanta una de sus piernas entre las tuyas. Apoyas tu mano sobre su marcado pectoral. Cierras un instante los ojos aspirando su aroma varonil y notando el calor de sus manos sobre tu piel.

La sesión discurre distendida, te sientes cómoda en tu nuevo papel de modelo, es más, comienza a gustarte. Las poses se suceden con un toque de erotismo sexy. Ahora, uno posa sus labios en tu cuello mientras otro acaricia con su oscura mano tu vientre, o te colocas de espaldas con ambas manos sobre sus torsos depilados, mientras que posan sus manos sobre tus redondas nalgas.

Tu amiga os anima a vencer el pudor y os exige más sensualidad, más roce, miradas cómplices. En una de esas, sientes los gruesos labios de uno de tus compañeros sobre los tuyos, a la vez que acaricia uno de tus pechos. El otro, no queriendo ser menos, pega su cuerpo al tuyo mientras besa tu nuca. Los tres cuerpos se funden de lo pegados que estáis. Tu piel blanca destaca sobre el moreno, en un contraste sensual. 

Comienzas a notar sus miembros endurecerse bajo sus bañadores al contacto con tu piel. Estás tan metida en la sesión que, cuando te quieres dar cuenta, la lengua del chico que mordía tus labios se adentra en tu boca, carnosa, húmeda, sensual, exploradora, mientras que el otro continúa detrás tuyo, bien pegado a ti, y notas cada vez más enorme su tranca entre tus nalgas como queriendo abrirse paso. Con sus manos grandes te agarra virilmente de las caderas mientras continúa mordisqueando tu nuca, erizando tu vello.

Tu amiga os anima excitada, le encanta lo que hacéis, están quedando fantásticas las fotos, muy sensuales. La parte superior del bikini desaparece y cogen tus pechos en sus manos como sustituyéndolo. Sientes su calidez, es una sensación muy placentera. Cada vez te sientes más a gusto y excitada entre ellos, tras vencer el pudor de los primeros momentos. Los roces, las caricias, miradas cómplices y sugerentes, besos cada vez más profundos y explícitos, su evidente excitación. 

Todo ello hace que tu cabeza de vueltas y que el deseo arda en tu vientre. Bajas inconscientemente tus manos y comienzas a acariciar sus protuberancias sobre la tela, mientras tu boca besa las suyas alternativamente. Te vuelven loca esos labios carnosos que te succionan. Notas sus manos acariciando tu piel, parecen mil manos explorando tu cuerpo.

Una de ellas se aventura entre tus muslos y, apartando ligeramente el tanga, comienza a explorar tu húmeda cueva, y te dejas hacer, mientras tu amiga continúa haciendo fotos sin parar.

Te sientes muy golfa y, sin dudarlo, te agachas entre los dos Apolos negros sin dejar de acariciar sus miembros que ya luchan por salir de la prisión de sus slips.

Con descaro acercas tu boca a uno de ellos y comienzas a mordisquearlo sobre la tela. Te gusta jugar a volverlos locos. Una de tus manos desliza el slip del otro partenaire desnudando su gran falo negro como el tizón. Por un momento, te asustas de lo enorme que es, no puedes rodearlo con tu mano debido a su grosor.

Te dedicas a pasar tus uñas delicadamente por toda su longitud mientras la contemplas deseando sentirla dentro de ti. Descubres a tu otro amigo, que también te sorprende por su longitud. Tomas sus dos descomunales pollas entre tus manos, comienzas a sentirte en una nebulosa, pierdes la noción de la realidad y solo piensas en poseerlas, hacerlas tuyas.

Pasas tu lengua por tus labios humedeciéndolos y te lanzas a devorarlas, primero una, luego otra. Su sabor te embriaga, palpitan en tu paladar, tu lengua se recrea en cada trocito de piel, las devoras insaciablemente. Casi no caben en tu boca, juegas con las dos, las acercas una a la otra, haces que se rocen, las acaricias mutuamente. Te las metes las dos en la boca. ¡Oh! ¡Qué locura!

De pronto te cogen en volandas, tu cabeza boca abajo, tus muslos sobre los hombros de uno de ellos, tu coño en su boca, tus manos se aferran a sus caderas y frente a tus labios su descomunal verga. En una especie de 69 de pie, sientes como su lengua carnosa y gruesa te folla y succiona. El otro modelo-amante se acerca por tu espalda, abre tus nalgas y clava su lengua en tu culo.

Tus dos agujeros están llenos, sus lenguas gordas y expertas te vuelven loca de placer. Tienes sus dos gruesas pollas al alcance de tu boca y disfrutas saboreándolas, de vez en cuando sus lenguas son sustituidas por sus dedos, gruesos como pollas que te follan sin descanso. Te sientes totalmente en sus manos, a su merced, pueden hacer contigo lo que quieran y estás deseando que lo hagan.

Te vuelven a coger en volandas y te dan la vuelta, cabeza arriba, a horcajadas, te sientan sobre la gigantesca polla del que te abraza. ¡Joder! ¡Cómo te llena! ¡Cómo la sientes! ¡Cómo te gusta! Tu rajita se distiende al máximo para acoger el descomunal falo negro. Cabalgas sobre ella, mientras él bombea con sus manos bien aferradas a tu culo.

De pronto, no terminas de creértelo. ¿Será cierto? ¡Ohhhh! Lo estás sintiendo. Notas como intenta entrar. Es el otro semental clavando su polla en tu culo. No crees que pueda entrar pero ya está dentro. Recibes sus embestidas que erizan tu piel y hacen que te abras más y te muestres más receptiva. ¡Estoy en el paraíso!, exclamas, mientras sientes sus dos enormes vergas bombeando dentro de ti al unísono.

Tu pequeño cuerpo atrapado entre sus músculos, vuestros sudores entremezclados, sus gruesas lenguas entregándote sus salivas, tus uñas clavándose en su gruesa piel. Tus gemidos de gata en celo, que piden ser follada más y más profundamente. Sus pollas entrando y saliendo de ti, sintiendo como se rozan en tu interior. Los orgasmos se acumulan en tu cabeza y van estallando uno tras otro hasta hacerte perder el sentido.

Sin saber cómo, ni apenas darte cuenta, te ves arrodillada en el suelo cabalgando sobre el que antes te estaba enculando y tu boca se aferra a la polla del otro que aún sabe a ti. La retiras de tu boca, la acaricias, la observas, brillante, desafiante, espléndida, te dan ganas de devorarla y lo haces. Pareces insaciable.

En eso, miras a lo lejos y crees ver a tu amiga, la fotógrafa, que ha abandonado la cámara y, en un rincón del estudio, os observa. En su cara se refleja el deseo. Está medio desnuda y se masturba ciegamente, deslizando su mano entre sus braguitas. Por un instante, vuestras miradas reflejan el placer mutuo que sentís y una sonrisa cómplice brota de vuestros labios.

Otra vez te sientes penetrada doblemente, pues al que le dejaste el falo a punto de estallar se pone detrás de ti y lo desliza dentro de tu culo, ya totalmente abierto y lubricado de las embestidas anteriores. De nuevo, te sientes llevar en volandas al éxtasis absoluto hasta quedar totalmente desmadejada entre sus calientes cuerpos.

El que te está enculando, saca repentinamente su miembro de tu culo y comienzas a notar cómo chorros de lava incandescente entrar directamente dentro de ti. Entra de nuevo hasta el fondo haciendo que rebosen ríos de semen como nunca habías visto antes. Saltas como una poseída, separándote del que todavía está follando tu coño y, tumbándote en el suelo con las piernas totalmente abiertas, gritas que quieres ver como se corre en tu vulva.

Con tus dedos abres tus labios dejando bien a la vista tu enrojecida vulva deseosa de ser regada. El musculoso amante se arrodilla ante ti y comienza a masturbarse fieramente con su descomunal verga apuntando a su objetivo hasta que, de golpe, y soltando un alarido selvático, dispara un chorro de esperma blanco como la leche que alcanza perfectamente la diana. Sientes un calor inmediato que se enfría rápidamente para aliviar tu fuego.

Con tu mano coges su miembro todavía enhiesto y comienzas a acariciarte con él, extendiendo su crema por toda tu raja, para terminar introduciéndotelo hasta el fondo, dejándolo ahí mientras clavas tus uñas en su culo para que no se salga. Permaneces un rato así, respirando, transpirando, rezumando. Llena, satisfecha, oliendo a macho, un olor que te enerva y vuelve a encender el deseo en ti.

De un salto te levantas y, mientras vas a la ducha, le dices a tu amiga

– Enseguida vuelvo y continuamos… pero ahora me vas a ayudar tú.

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