En Un Bar (Otra Versión)

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Entramos en un bar. Hay poca gente. En la cálida penumbra apenas podemos distinguir las siluetas de dos grupos en la barra. Son todos hombres. Casi diría que es un bar de ambiente. A un lado de la barra, dos chicos altos, morenos, hablan en la intimidad y se acarician de vez en cuando. Al otro lado otros tres chicos, uno rubio, delicado, otro atlético con el pelo al cero y otro moreno con cara de travieso charlan amigablemente. Los chicos se paran a observarnos a nuestra llegada. Siento como me desnudan con sus ojos. Tu también lo notas.

Nos acercamos a la barra entre los dos grupos. Tu me miras con sonrisa pícara, me pones nervioso. Más de lo que ya estoy. -Te gustaría hacértelo con ellos a que sí? preguntas a la vez que les miras con descaro. Los chicos se dan cuenta de lo que estamos hablando y se centran en nosotros expectantes.

Las miradas son más intensas. El deseo aumenta llenando el bar. Tu me dices: -Ve. Quiero verte disfrutar. Y me impulsas con un leve empujón en la espalda hacia ellos que me reciben rodeándome. Pronto siento sus manos recorrer mi cuerpo desnudándolo. Sus bocas buscan mi piel despierta y atenta a mil sensaciones. Yo me dejo hacer y dejo mis manos volar hacia sus cuerpos ardientes y juveniles.

Tu observas embriagada la escena: El chico afeitado tiene su cuerpo pegado al mío por detrás. Sus manos me acarician el torso y bajan por por mi vientre hasta alcanzar mi sexo. Se tropieza con la mano del moreno que ya había tomado posesión y disfrutaba modelando mi erección. Entre ambos consiguieron que mi miembro resultase tremendamente apetecible, cosa que el rubio aprovechó al momento, agachándose y llevándoselo a la boca ayudado por las hábiles manos de los otros dos efebos.

El chico moreno también se agacha y se disputa mi miembro con el rubio. Yo comienzo a notar detrás mío el calor y la presión del falo endurecido del otro chico buscándome entre mis glúteos. Sus manos recorren mi cuerpo desde el pecho hasta las caderas. Sus labios besan mi nuca.

Yo deseo sentirlo y le dirijo con mi mano suave pero decididamente. Poco a poco voy sintiendo fuego dentro de mi. Ardor inconfesable, deseo desbocado. Me abro para él. Me hace sentir en mis entrañas. Me mata y le recibo con un abrazo íntimo. Ufff, me perfora sin compasión, los aullidos salen directamente de mi garganta.

Los otros chicos se levantan. El moreno me acerca el culo en pompa del rubio, me toma con su mano y me ayuda a introducirme en el. La tarea es fácil, las embestidas de mi garañón ayudan a entrar prácticamente hasta la empuñadura. El placer va pasando de un cuerpo a otro en ambos sentidos.

La otra pareja que estaba en la barra se acerca a nosotros atraídos por la escena. Sus manos comienzan a acariciar nuestros cuerpos ya sudorosos. Sus bocas buscan las nuestras. nuestras manos sus sexos brillantes. Pronto nos convertimos en un maremagnum de piel, sudor y saliva, donde apenas se puede distinguir donde acaba un cuerpo y comienza el de otro.

Tu nos observas impávida. La escena te subyuga. Tu rostro arde, tu piel se eriza, tu sexo palpita. No pierdes detalle de nuestras evoluciones. El revoloteo de erectos miembros masculinos de boca en boca como insectos queriendo libar. La fuerza marcada en los músculos de la tensión gozadora. El placer encadenado. El clímax desencadenado. Los cuerpos exhaustos. Las bocas sedientas.

Te miro a los ojos, me miras satisfecha. Me has ofrecido a los dioses. He disfrutado de ellos y ahora vuelvo a tí renovado. Más hombre, más persona, más yo para tí.

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